Anka Djurkovic, la heroína serbia en la I Guerra Mundial

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anka-djurovic1aLa I Guerra Mundial fue una verdadera hecatombe para el pueblo serbio. Con todo, la defensa de la patria primó por encima de todo, y a ese enaltecido objetivo se consagro toda la nación. La batalla por la subsistencia se libró en todos los frentes, los militares y los civiles, y en ella tomaron parte con igual valentía mujeres y hombres.

Durante los cuatro años de guerra encarnizada, las mujeres mostraron ser tan capaces de ejercer distintas tareas como los hombres. Las mujeres de los medios rurales llevaron a cuestas una gran carga, porque se quedaron prácticamente sin fuerza laboral masculina, por lo cual asumieron la totalidad de las faenas de campo y el cuidado de los niños. Por otra parte, algunas de ellas mostraron su valentía y abnegación en el frente, asistiendo desinteresadamente a los soldados heridos. Una de tales mujeres es la heroína Anka Djurovic Crvencanin, enfermera de profesión. Del heroismo y la generosidad de Anka nos contó su tataranieto, Gradimir Djurovic, jurista de Belgrado, quien heredando la nobleza de corazón de su tatarabuela, pasó una parte de su vida laboral en el Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra.

Anka Djurovic Crvencanin nació en 1850, y comenzó a ejercer la profesión de enfermera a los 26 años de edad. Eso fue en los tiempos de la Primera Guerra Serbio-Turca, en el año 1876, cuando Anka trabajaba en el hospital de Krusevac. Los serbios de aquella época libraron muchas batallas y guerras para deshacerse del yugo otomano, por lo cual la enfermera Anka se hallaba muy atareada. Las mujeres eran de gran ayuda a los soldados serbios, a quienes suministraban el alimento y curaban las heridas. Como enfermera, Anka tomó parte en la Guerra Serbio-Búlgara de 1895 así como en las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913. Anka estaba dondequiera que era necesaria la asistencia médica a los soldados heridos y enfermos y fue una de las pocas en recibir el permiso de organizar en el propio teatro bélico el traslado de heridos y de vendarlos.

Cuando estalló la I Guerra Mundial, Anka Djurkovic ya tenía sus años. Pero, ello no fue un impedimento para dejarse arrastrar por el torbellino bélico, y partió en pos de sus tres hijos, reclutados por el ejército serbio. Ese fue seguramente el día más duro para Anka, “la madre serbia”, como la llamaban, porque ahora también tenía encima el cuidado materno de sus hijos, dijo su tataranieto Gradimir Djurovic. Recorrió ese año de 1914 los campos de batalla, para enterarse de la suerte de sus hijos, ejerciendo de paso su tarea de enfermera. El amor y el instinto materno la llevaban hasta sus hijos precisamente en el momento en que era más necesario. Así, encontró a un hijo suyo muy enfermo de meningitis, y le ayudo a sanar, mientras que a otro consiguió curar de una herida grave, aunque los médicos ya lo habían desahuciado.

Muchas son las hazañas con que se laureó esta valerosa mujer, quien según dice Gradimir Djurovic, trabajó 50 años como enfermera. Logró cruzar con el ejército serbio las montañas de Albania, y luego, persuadida por su hijo mayor, se fue en barco a Francia, junto con civiles y heridos serbios. Aunque estaba ya en la séptima década de su vida, Anka no desistió. En Salónica, en el año de 1917, se enlistó de nuevo como enfermera voluntaria en el Primer Hospital del Príncipe Heredero Aleksandar.

Anka Djurovic Crvencanin ejercía su trabajo ante todo inspirada por su patriotismo y el deseo de ayudar al prójimo. Una vez alguien escribió de ella que es “el ejemplo más luminoso de la unión más bella de la tradición patriarcal serbia, imbuida de amor a la gente y de un gran acervo de conocimiento “. Por sus meritos, recibió la condecoración que lleva el nombre de “Florence Nightingale”, el reconocimiento más importante que entrega el Comité Internacional de la Cruz Roja de Ginebra. En acto que tuvo lugar en Ginebra el 5 de octubre de 1923, agradeciendo este importante reconocimiento, Anka dijo que, no obstante, el premio más grande por todo lo que hizo, es el que le otorgó Dios, por haberle salvado a sus tres hijos.

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