Así funciona una potencia: la escuela serbia desde adentro

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Río 2016 dejó muy claro el presente y el futuro de varias de las potencias más importantes del básquet FIBA. Y mientras Argentina busca una renovación obligada por la salida de algunas figuras, en Básquet Plus quisimos conocer más sobre el trabajo y los secretos de estos gigantes del básquet mundial.

Por eso, en los próximos días estaremos presentando una serie de entrevistas, intentando interiorizarnos en varias de estas naciones que dieron cátedra en Río. ¿El primer caso? La siempre presente Serbia, a quien conocemos a fondo de la mano de nada menos que Vladimir Kuzmanovic, ex jugador y actual Director de Selecciones Nacionales (mayor y juvenil).

La escuela yugoslava

Hay pocos países más identificados con un estilo de juego que Serbia. Pero no podemos empezar a hablar del presente, sin mencionar su legado: la escuela yugoslava. Aquella que supo dominar el mundo, con un básquet que hoy se mantiene vivo en figuras como Milos Teodosic, Bogdan Bogdanovic y compañía. O Dario Saric en Croacia. O Goran Dragic en Eslovenia, si pretendemos ampliar el espectro a otras naciones que heredaron esa identidad.

“Pienso que tuvimos algo que fue solamente nuestro y con nosotros, me refiero a Yugoslavia. Hubo un tiempo donde solíamos jugar al básquet en cualquier cancha callejera del país. Podías encontrar jugadores de primera división en esas canchas, jugando cada vez que tuvieran tiempo libre. Ahí aprendimos a ganar, cómo mantenernos en el campo, cómo jugar 3 vs 3, como hacer trampa. El básquet estaba en todos lados. Ese fue el lugar donde nosotros, como nación, aprendimos a ser los mejores. El deseo para mantenernos en esas canchas, porque si perdías podías no volver a jugar por el resto del día, es algo difícil de explicar. Era nuestra mentalidad, nuestro caracter y nuestra manera de vivir. Jugábamos en base a nuestros sentimientos”.

“Para explicar mejor esta cultura, voy a contarte una anécodta. Divac y Radja estaban en el equipo nacional y era una rivalidad importante, pero buena. En una práctica el equipo de Radja estaba más cerca de llegar a 21 puntos y ganar. Ahí Divac toma la pelota, se empata el marcador y el que anotaba ganaba. Ultimo punto. Divac sigue con la pelota y tenía a todos los defensores encima. De la nada saca un pase por detrás de la espalda para un compañero que cortó y anotó una canasta fácil. Ese es el sentimiento por el básquet del que estoy hablando. Era parte de todos los jugadores, empujado por su entrenador y nunca olvidado. Estábamos lejos de tener un equipo dominante, pero siempre tuvimos un gran IQ. Ahora el juego ha cambiado y la presencia física se vuelve más determinate. Todavía no hemos podido ajustarnos a eso. Pero vamos a hacerlo”.

Tiempo de ajustes, sin olvidar el pasado

Kuzmanovic sostiene que la idea en la formación de los chicos continúa por el camino transitado en el pasado, pero a la vez, reconoce los nuevos desafíos que presenta el básquet moderno. Y ante ellos, el tiempo de hacer ajustes.

“Teniendo en cuenta que hay algo llamado la escuela de baloncesto yugoslava, gracias a todos los entrenadores y jugadores famosos que tuvimos, estamos tratando de mantenernos en ese mismo camino, lo que significa criar a nuestros chicos con la idea de que usen más su cabeza que su capacidad física. Siempre fuimos conocidos como una nación muy talentosa y en el pasado no desarrollamos a los jugadores tanto desde lo físico. Pero el juego ha cambiado y tenemos que enfocarnos en esa otra parte también”.

“En estos días, el básquet es mucho más rápido y fuerte que hace 10 años, y nosotros nos tenemos que ajustar a eso. Igualmente, en las selecciones juveniles preferimos tener jugadores más talentosos que fuertes. Más prometedores que dominantes en ese momento. Nos enfocamos en que lleguen a la selección mayor, no solamente en ganar medallas en las competiciones juveniles, porque hacerlo no nos garantiza tener una figura futura en la selección principal”.

Programas familiares

Para interiorizarnos más en el trabajo del básquet serbio, le consultamos al dirigente por la organización y los distintos programas que se llevan a cabo bajo la observación de la Federación. Y sin que resulte una gran sorpresa, nos encontramos con una respuesta que recuerda a varias de las iniciativas que se han tomado en el último tiempo por decisión de la CABB. Estos son los detalles.

“Serbia está dividida en ocho regiones en cuanto a su básquet. Por la falta de dinero, no podemos tener más de un equipo junior y cadete en el territorio. Por eso tenemos una liga regional y al mismo tiempo, coordinadores regionales que siguen la competición en sus regiones, mandando reportes sobre los mejores jugadores. Luego, una vez al mes, en las ocho regiones, los juntamos bajo la supervisión de algún coach importante y los miramos durante dos días. Así conseguimos una mejor visión de sus habilidades”.

“De las regiones elegimos a los 18 mejores jugadores y ellos quedan como candidatos a la selección de sus respectivas categorías. De esta manera, no dejamos de observar a ningún chico. Luego de este programa, en mayo tenemos el torneo de las regiones. Allí juegan los mejores jugadores de 10 regiones (Belgrado manda dos equipos y la república de Srpska, dentro del territorio bosnio, manda otro) en uno de los mejores centros que tenemos: la ciudad de Kragujevac. Ahí conseguimos una mejor visión de quiénes tuvieron un mayor progreso. Después del torneo, en esa ciudad tenemos un centro de desarrollo para chicos de 12 a 15 años”.

Presencia escolar

Un tema de gran debate dentro del básquet nacional, pasa por la presencia del básquet en las escuelas y en muchos casos, la falta de ella. Como cuenta Kuzmanovic, la realidad es en parte similar dentro de Serbia, aunque con otros matices y con proyectos para cambiar ese presente.

“En el pasado el básquet solía ser parte de todas las escuelas. Ahora, las escuelas hacen un contrato con algún equipo, club o entrenador y básicamente alquilan sus gimnasios por algo de dinero. ¡Y encima los chicos tienen que pagar para ser parte! Eso significa que si un chico no tiene dinero, no puede practicar. En ese sentido, no podés tener calidad, sino cantidad. Por estos días, la Federación de Serbia junto con el canal deportivo Sportklub y el Ministerio de Deportes, están tratando de cambiar esto al crear nuevas instalaciones, con alturas del aro intercambiables (de 2,60 a 3,05), para darle una mejor oportunidad a los chicos más jóvenes de disfrutar el básquet”.

“El proyecto va a empezar en la región de Belgrado y con suerte, lo vamos a desarrollar a todo lo largo y ancho de Serbia. La idea es que nuestros entrenadores puedan estar presentes en las clases de actividad física de los colegios y popularizar el básquet de nuevo. Por ahora parece que va a estar bueno, pero veremos los primeros resultados recién a fines del año lectivo, en mayo”.

Problemas y desafíos

Incluso las grandes potencias como Serbia, no están libres de tener distintos obstáculos que complican el desarrollo de sus jugadores jóvenes e impactan de manera global en su básquet. Desde los inconvenientes de la era digital hasta la realidad propia de un país en vías de desarrollo, Kuzmanovic nos presenta los problemas más importantes que se encuentra en el día a día.

“Como en todos los lugares del mundo, los entrenadores han dejado de ser la pieza más importante del rompecabezas. Tuvimos eso durante un buen tiempo y ahora estamos lidiando con el hecho de que los chicos confían más en la prensa, sus padres o sus agentes. Con los nombres que teníamos, mi generación y tantas otras fueron lideradas por autoridad y conocimiento del entrenador. Realmente confiábamos en ellos. Nadie cuestionaba por qué jugábamos esto, por qué el entrenador usaba esta táctica, por qué usaba este quinteto… simplemente creíamos en él. Y él confiaba en el equipo que elegía. Las cosas han cambiado. El dinero, agente, los padres, la prensa, ya son parte de la carrera de cualquier chico, desde los 14 o 15 años”.

“Otro problema que tenemos es la falta de dinero en nuestro país. Los chicos corren a Belgrado pensando que solamente ahí pueden transformarse en verdaderos jugadores. Las ciudades pequeñas que solíamos tener como centros de reclutamiento, están muertas y es complicado cambiar eso. Solamente se puede modificar teniendo a entrenadores con nombres importantes en esas ciudades. Y ahí aparece de nuevo el problema del dinero. Es todo un círculo”.

“La falta de dinero y confianza de los agentes y los padres en nuestro sistema, está creando un nuevo problema: los chicos están dejando el país. Se van a Italia, España, Alemania y hasta Luxemburgo para continuar con su carrera. La mayoría de las veces no se desarrollan para nada y cuando vuelven, no están a la altura de los jugadores que eligieron quedarse en Serbia. Nosotros, como Federación, no podemos hacer mucho al respecto”.

El debate táctico: ¿ser o no ser?

El gran dilema con el que se encuentran muchos entrenadores de categorías formativas, tiene que ver con la táctica. ¿Cuánto hay que incluirla en el desarrollo de un chico de 14 o 15 años?, ¿se juega para ganar hoy o para ganar mañana? En este sentido, Serbia no le escapa al debate.

Juego de baloncesto europeo del grupo B del campeonato entre España y Serbia el 5 de septiembre de 2015 en Berlín, Alemania (fotografía y foto de crédito: Pedja Milosavljevic / STARSPORT)

“La táctica empieza en edades muy tempranas, lo cual está muy lejano a lo ideal. Primero los chicos necesitan amar el básquet y el técnico debe hacer que lo amen. El problema con los entrenadores de hoy es el siguiente: hay demasiados. Segundo, están viviendo de eso, lo cual no pasaba en el pasado. En el pasado eran entusiastas, amaban el básquet y no cobraban para elegir a los chicos. Hoy hay entrenadores que eligen a 100 chicos, simplemente porque representa más dinero. Y el tercer problema, es que para mantenerte en tu cargo, precisás resultados, lo cual es completamente negativo a la hora de desarrollar chicos. Por eso vas a encontrar más táctica de la necesaria: defensas zonales para ganar partidos, chicos grandes debajo del aro simplemente porque son dominantes… y si ese chico no sabe picar la pelota, ¿a quién le importa?”.

“Muchas cosas están al revés. En el pasado veíamos el básquet como un juego, un entretenimiento. Hoy solamente importa el resultado. Si el entrenador no te hace amar el juego, se vuelve común ver a chicos de 13 años agarrar la hoja de estadísticas luego de un partido, para ver cuántos puntos anotaron. Mi primer entrenador me dijo: las estadísticas son números exactos, de información errónea. Y así era como me sentía al respecto”.

Una cuestión de amor

El mensaje de Kuzmanovic es claro: Serbia fue lo que fue y es lo que es, por el amor de sus jugadores al básquet. Sin importar todos los inconvenientes sociales, económicos y políticos que sus habitantes saben y supieron sufrir, el básquet siempre fue una vía para sentirse alguien. Mientras ese amor se mantenga, los serbios seguirán en el tope del básquet FIBA, pero en caso de perderlo, todo se puede desmoronar mucho más rápido de lo que se construyó.

“Pienso que lo llevamos en nosotros. Como podés darte cuenta, en todos los deportes colectivos somos más que buenos. El serbio ama competir, jugar y ganar. La química entre los jugadores y los entrenadores nos dio grandes resultados. Todo basado en el amor, no el dinero. Ahora esto no sucede así y veremos qué nos trae el futuro. Pero sin amor por el juego, a pesar del dinero, las estadísticas y la prensa… nuestra escuela dejaría de existir”.

En Twitter: @basquetplus
En Twitter: @JuanEstevez90

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