De apellido balonmano

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SLOBODAN Veselinovic, aunque prefiere simplemente Boban, fue uno de los jugadores más destacados de aquel Barakaldo que militó en Asobal, participó en tres ocasiones en el partido de las estrellas de la máxima categoría del balonmano estatal e incluso llegó a superar la decena de internacionalidades con la antigua Yugoslavia. Pero, aunque parezca mentira, el jugador serbio todavía no había cumplido todos sus objetivos en este deporte. Aún le quedaba compartir equipo con su hijo Marko. Así que volvió a embadurnarse sus gigantes manos de resina y llamó a las puertas del Gaztelueta, club en el que milita su espigado vástago y en cuyas categorías inferiores ya ejerció de entrenador. A sus 46 años, su figura queda lejos de la lució como deportista profesional, pero cómo negarse a la oferta del brazo más potente que ha conocido la Liga Asobal -su lanzamiento llegó a los 128 kilómetros por hora. Por lo que el conjunto amarillo hizo realidad el último deseo de Boban y le juntó con su hijo sobre el parqué.

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Seis encuentros con la misma camiseta les ha unido más si cabe y han dejado claro que, aunque Veselinovic es tan difícil de pronunciar que en Gaztelueta les corean con un simple “¡esos serbios!”, su apellido desprende el olor del balonmano por cualquier costado. Ayer Boban y Marko, padre e hijo, lateral y extremo, se enfrentaban al que podía ser su último encuentro juntos. Compartiendo juego y colores. Pero una trabajada y ajustada victoria sobre la Universidad de Deusto-Loyola (24-22) les proclamó líderes de Bizkaia, les ascendió de categoría, y les regaló un nuevo envite: “Me queda un partido, solo uno, contra el campeón de Gipuzkoa”, explica el exjugador del Barakaldo. Y después descansará. Se marchará del 40×20 para subir a las gradas como un espectador más o sentarse en los banquillos de un deporte del que no se despegará nunca.

Cuando la retirada definitiva está tan cerca, es inevitable echar la vista atrás, y cuando Boban recapitula sus 24 años en el balonmano no puede evitar exhalar, sonriente, un “yo ya he cumplido”. Es hora de pasarle la pelota a Marko para que el apellido siga vivo en este deporte. Escorado en la banda derecha, el joven Veselinovic no posee el potente brazo de su padre, pero lo compensa con su agilidad y sacrificio. Orgulloso del hombre que le dio la vida, el extremo niega que sea extraño compartir vestuario con Boban: “No es difícil jugar con tu padre, que va, que va”, recalca. Es más, cuando se le pregunta a Marko sobre la opinión de su madre, perfumada siempre con el olor del balonmano, bromea con un sincero: “¡Si mi madre es la que más contenta está de que juguemos juntos!”.

ASCENSO DEL GAZTELUETA En el último partido del grupo, con el pinchazo del líder Trapagaran en mente, Gaztelueta y Deusto-Loyola se jugaban el ascenso a la categoría autonómica en tan solo un partido. Con las gradas a rebosar y un ambiente inmejorable, fueron los amarillos quienes lograron llevarse el gato al agua. Con un ajustado 24-22, el conjunto leiotarra se proclamó campeón de Bizkaia gracias a los misiles que Boban logró colar en la portería visitante en los momentos claves del encuentro. Pero, sobre todo, gracias a la espectacular actuación de su portero. El guardameta del Gaztelueta paró lo imparable y desesperó al Loyola, que vio cómo su rival se llevaba la victoria.

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