El resto del mundo ante el inicio de la Gran Guerra

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Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, involucrando a la Triple Entente, Serbia y los Imperios Centrales, ¿qué posturas tomaron el resto de países?

Un conjunto de países europeos no participó en la guerra y permaneció neutral porque, aunque se entablaron intensos debates en sus respectivas opiniones públicas, sus intereses no se jugaban en la conflagración ni tenían estrechos compromisos o vínculos diplomáticos con ninguno de los dos bandos. Fue el caso de los países nórdicos, Suiza, los Países Bajos y España.57000_vest_srpska-vojska-prvi-svetski-rat

Pero también hubo estados que se declararon neutrales en un principio pero que al final entraron en la guerra. La tónica general es que lo hicieron seducidos por las promesas de beneficios y recompensas si entraban en liza en uno u otro bando. Italia es el caso más importante pero no el único. Italia pertenecía al sistema de alianzas que había diseñado Bismarck pero se fue apartando del mismo, llegando a firmar un tratado con Francia unos años antes de la guerra, aunque en la crisis de julio no se decantó a favor de nadie. Los italianos querían sacar provecho de su neutralidad. De hecho, entablaron conversaciones tanto con los aliados como con Austria. El interés de Roma estaba en los denominados territorios irredentos, es decir, Trieste, el Trentino, el Tirol y Fiume. Esas exigencias no podían gustar a Viena, ya que eran territorios que pertenecían a su Imperio, por lo que la baza diplomática austriaca se truncó muy pronto. Aún así se mantuvo la neutralidad, hasta que la fuerte presión de una parte de la opinión pública, que azuzó el sentimiento del irredentismo, terminó por hacer cambiar la postura del Parlamento. En esa campaña se comprometió con firmeza Mussolini, rompiendo definitivamente con el socialismo. Terminando el mes de abril de 1915, Italia firmó un Pacto Secreto en Londres. Los aliados prometieron los territorios dominados por los austriacos y posesiones en la costa Adriática, Libia, Eritrea y Asia menor. Italia declaró la guerra a Austria en mayo y unos meses después a Alemania.Map_Europe_alliances_1914-sr.svg

Bulgaria fue otro caso importante pero en el otro lado. Los búlgaros eran enemigos de los serbios como consecuencia de las guerras balcánicas, pero temían la potencia rusa, por lo que no entraron en la guerra. Pero al comprobar que los Imperios Centrales eran capaces no sólo de frenar al ejército ruso sino de derrotarlo en muchas ocasiones, decidieron entrar en la guerra porque, además, se les prometió la Macedonia y la Dobrudja si Grecia y Rumanía entraban en la guerra, además de territorios que controlaban los serbios.

También terminaron participando en el conflicto los rumanos, turcos y griegos. Hasta Portugal entró en guerra en 1916, fiel y tradicional aliado de Londres, aunque casi de forma testimonial.

Por su parte, las colonias de los países contendientes fueron puestas al servicio de sus respectivas metrópolis, tanto en lo que respecta a recursos humanos como, principalmente materiales. En este sentido, franceses y británicos, dados sus inmensos imperios coloniales, sacaron muchísimo más provecho que alemanes y austriacos.

Los Estados Unidos optaron por la neutralidad. Los aliados comenzaron una intensa campaña diplomática para que entraran a su favor, pero Wilson se mantuvo firme en su apuesta por la neutralidad, apoyada mayoritariamente por la opinión pública, a pesar de ser aliadófila por sus orígenes, menos la minoría inmigrante alemana. El presidente demócrata se comprometió con la paz y en la mediación. Envió al coronel House como su emisario de paz pero su misión se saldó con un evidente fracaso. Cuando llegó la agresión submarina alemana, Wilson hizo entrar al país en la guerra en 1917 al lado de los aliados.

Todos los estados de América Latina se declararon neutrales al estallar la guerra mundial, ya que era concebida como un conflicto muy ajeno y propio de las rivalidades europeas, especialmente entre Francia y Alemania. Pero la entrada en la guerra de los Estados Unidos en el año 1917 cambió esta situación. Los países de Centroamérica, en la órbita de Washington, entraron en la guerra casi al mismo tiempo que lo hacía la gran potencia. También lo hizo Brasil, que tenía un acuerdo con Estados Unidos. El resto de países se mantuvo neutral, aunque hubo quiénes rompieron sus relaciones diplomáticas con Alemania.

Y nos queda tratar el caso de Japón, ya una gran potencia económica y militar demostrada en la guerra contra Rusia de principios de siglo. En realidad, Tokio no tenía ningún interés en Europa pero vio en la guerra una oportunidad para afianzar su expansión por el Extremo Oriente, ya que las potencias coloniales europeas, lógicamente, estaban concentradas en su propio continente. Sus principales obstáculos en la zona eran Gran Bretaña y Rusia, por lo que parecía lógico que si entraba en la contienda debía hacerlo del lado alemán y austriaco, pero Japón sabía que eso no sería tolerado por los norteamericanos, ya muy atentos en esta parte del mundo, especialmente desde que controlaban Filipinas, después de la victoria sobre España. Al final, los japoneses, muy interesados en China y aprovechando que los alemanes tenían allí una concesión en el norte, decidieron declarar la guerra a Alemania el 23 de agosto de 1914. Mientras los europeos se ensangrentaban en las trincheras, los japoneses asentaron su poder en China.

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