Grupo serbio desarrolló un videojuego ‘hitazo’ y, de paso, transforma a Serbia

104

Nordeus fue fundada por tres amigos que tras vivir fuera de Serbia quería volver a su país y vivir de hacer videojuego; no buscaban la riqueza pero ésta llegó y ahora su empresa inspira a un país marcado por la guerra.

Cuando Branko Milutinovic era solo un niño en Belgrado, las sirenas de ataque aéreo rutinariamente interrumpían partidos de futbol con sus amigos. “Si escuchabas una sirena tenías entre cinco y diez minutos para llegar a un refugio”, dice Milutinovic, ahora de 34 años. “Mirabas desde la ventana y veías cohetes subiendo y bajando, luego estallaban. Era como estar en el cine”.

Los bombardeos terminaron en 1999, pero el prolongado conflicto dejó a la economía de Serbia en ruinas. Milutinovic, quien disfrutaba jugando con computadoras, se dedicó de lleno a la escuela y obtuvo una maestría en ciencias de la computación. Entonces, como muchos jóvenes serbios con ambiciones, dejó su país a la primera oportunidad de empleo en el extranjero que se le presentó.

Milutinovic llegó a Copenhague para un rol de bajo nivel con Microsoft Corp. El trabajo estaba bien, pero no le encantaba. Además se sentía muy ansioso por regresar a Belgrado para estar al lado de su padre enfermo.

En 2009, junto a dos amigos de la universidad, Ivan Stojisavljevic y Milan Jovovic, decidió volver a casa. Después de barajar diferentes ideas, los tres juntaron sus ahorros e iniciaron una compañía de videojuegos, a la que llamaron Nordeus. Los tres pensaron que el dinero les duraría un año más o menos en una ciudad relativamente barata como Belgrado y que siempre podrían encontrar otro trabajo de codificación si los recursos se acababan. “No estábamos en esto para hacernos ricos”, dice Milutinovic, quien tiene el pelo rubio, una gran musculatura y nariz de boxeador. “Queríamos vivir de hacer juegos”.

Lo lograron. El trío creó “Top Eleven”, un juego de futbol que ha sido descargado más de 170 millones de veces y creó un auténtico culto entre aficionados de todo el mundo. Un año después de su debut se convirtió en el juego número uno en Facebook, superando a grandes compañías como Electronic Arts y Zynga.

A diferencia de muchas empresas de aplicaciones que lograron un solo ‘hit’ antes de desaparecer, “Top Eleven” sigue creciendo. El juego ha sido uno de los 10 más descargados en siete países, con una audiencia particularmente fuerte en Europa, Asia y Latinoamérica. El año pasado, Nordeus generó más de 75 millones de dólares en ingresos.

“Es un éxito asombroso de un lugar que no esperas”, dice Christian Hernández, un exejecutivo de Google y Facebook, quien ahora es socio de la firma de riesgo londinense White Star. “Uso a Nordeus constantemente como uno de mis casos de estudio favoritos”.

Comparado con empresas como Uber, Nordeus es diminuto. Milutinovic lo prefiere así. A diferencia de muchas startups, su empresa ha sido consistentemente rentable, comenzando tres semanas después del debut de “Top Eleven”. La falta de enredos financieros significa que los fundadores hacen lo que quieren, ya sea unas vacaciones a una isla griega, la construcción de un ambicioso juego de fantasía que se lanzará este año o convertirse en uno de los más grandes filántropos de Serbia. “Los inversionistas de riesgo te dan mucho dinero y poca libertad”, dice Milutinovic. “No nos importaba mucho el dinero, la libertad es lo más preciado”.

En un momento en que Silicon Valley es conocido tanto por su comportamiento alocado y agresivo como por la innovación, quienes aspiran a emprender en el sector tecnológico podrían tomar inspiración del cofundador de Nordeus. Su nombre es honor a su abuelo, un campeón de lucha libre y líder de la resistencia serbia contra los nazis en Belgrado, quien terminó en una prisión de la Gestapo. “Él me compró mi primera computadora”, apunta Milutinovic.

Su padre era abogado, pero por razones políticas no se le permitió practicar. Las experiencias de su padre y abuelo bajo regímenes autoritarios afectaron profundamente a Milutinovic: usa la palabra “libertad” no menos de 15 veces durante dos reuniones. Pero como gran parte de la lucha durante la Guerra de los Balcanes tuvo lugar lejos de Belgrado, su infancia no fue excesivamente interrumpida y siempre hubo días llenos de deportes o videojuegos. Milutinovic codificó su primer programa a los 10 años, un juego de trivia y ganó medallas en competiciones de matemáticas y física. “Soy un geek, esencialmente”, reconoce.

Sin embargo, había recordatorios regulares de la guerra. En el hospital donde fue operado del apéndice a los 11 años, Milutinovic vio a niños mutilados y huérfanos cuyos padres fueron asesinados en el sangriento conflicto, que duró la mayor parte de los años noventa y terminó solamente después de la intervención de fuerzas militares de la OTAN y la desintegración de Yugoslavia. La escuela secundaria de Milutinovic recibió un flujo constante de chicos refugiados de Croacia y otras áreas vecinas que fueron afectadas por los combates. “Esos muchachos estaban tan traumados que no hablaban con nadie”, dice. “Yo me sentía mal por ellos, todos lo hicieron en algún momento”.

Nordeus utiliza ahora algunas de sus ganancias para construir 11 unidades pediátricas en hospitales de todo el país, un esfuerzo que ha hecho a la compañía uno de los benefactores más grandes de Serbia. Los hospitales supervisan cerca de 21 mil nacimientos al año o cerca de un tercio de los 65 mil bebés en Serbia. Un hospital financiado por Nordeus en Belgrado, que alguna vez fue utilizado como prisión, ahora es testigo del nacimiento de unos 30 bebés al día. La doctora Biljana Pejovic muestra una nueva sala usada para tratar a bebés prematuros, incluyendo algunos cuyos padres son empleados de Nordeus. 

“No teníamos este equipo antes, todo era improvisación”, dice Pejovic. “Todo contribuyó a salvar vidas”. Milutinovic se ha convertido en un modelo a seguir para los jóvenes serbios que lo rodean por su interés en unirse a la industria tecnológica. Este año se asoció con amigos de Microsoft y la compañía de mapeo del genoma Seven Bridges Geonomics en una iniciativa llamada Digital Serbia para impulsar el sector tecnológico del país. Está ansioso por que su país sea visto más allá de la devastación de la guerra, pero sabe que tomará tiempo. Uno de los mayores desafíos es persuadir a los mejores estudiantes a permanecer en el país. 

El día después de que un recién graduado aceptó un trabajo en Nordeus, éste regresó llorando para decir que no podía tomar el puesto porque su padre quería que aceptara un trabajo fuera de Serbia. Milutinovic llamó al padre, quien no creía que una empresa digital sobreviviera en Belgrado y le pidió que fuera a su oficina. Luego de tres horas, el chico ya estaba contratado. Con el desempleo de los jóvenes en Serbia rondando alrededor de 30 por ciento, la determinación de Milutinovic está teniendo efecto, dice Vukasin Stojkov, quien dirige un espacio de trabajo popular entre codificadores. “Hay muchas personas que tal vez quieren explicarse por qué no han tenido éxito y compran el mantra de que es debido al lugar de donde vienen”, dice. “Nordeus ha sido un argumento asombroso contra eso”. 

La gente fuma en todas partes en Belgrado, incluyendo hospitales. Con la arquitectura brutalista y la infraestructura desgastada, partes de la ciudad se sienten a años a luz de las urbes modernas. Algunos edificios todavía están marcados por los bombardeos de hace casi dos décadas. Pero es una ciudad en transición, situada en la hermosa intersección de los ríos Danubio y Sava. Hay zonas de moda, jóvenes y vibrantes, con gente sentada fuera de restaurantes y bares. El Museo Nikola Tesla, dedicado al reconocido inventor serbioestadounidense que inspiró el nombre de Tesla Motors Co. de Elon Musk, es el favorito de las paradas turísticas.

Nordeus ha tomado varios pisos de un moderno edificio de oficinas en el centro de la ciudad, donde los locales trabajan junto a más de 30 empleados de otros países, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania. La oficina tiene los adornos usuales de una startup de Silicon Valley. El desayuno y el almuerzo son gratis, y el helado gourmet y las cervezas están disponibles en refrigeradores de autoservicio. Una estatua de un zombie de tamaño real flanquea la entrada a una sala de conferencias, y simuladores de coches y lentes de realidad virtual se pueden usar en una sala de juegos. Milutinovic es tímido acerca de cuánto dinero está haciendo Nordeus, pero claramente no es insignificante. Casado y con dos hijos, vive en un apartamento arriba del de su madre en el centro de Belgrado. Asegura que la industria de la tecnología está demasiado obsesionada con la riqueza y promete no vender Nordeus o tomar la inversión externa. Planea limitar el personal a 250 personas (Nordeus emplea actualmente a unos 170) porque de lo contrario “será menos divertido venir a trabajar todos los días”.

Si Nordeus puede permanecer independiente dependerá del éxito que tenga. Aunque “Top Eleven” sigue siendo popular entre los jugadores dispuestos a gastar mucho dinero en varias opciones que les permiten avanzar más rápido, la industria de los videojuegos es también muy volátil. En este momento, el mayor éxito de Nordeus es también su mayor negocio. “La pregunta es cómo hacerle para ir de un éxito, a dos éxitos y a múltiples éxitos”, dice Don Mattrick, quien como director ejecutivo de Zynga exploró la compra de Nordeus y ahora es mentor de Milutinovic. 

La presión de dirigir el negocio más prometedor de Serbia es algo que motiva a Milutinovic. Sabe que el éxito puede ser fugaz, pero los éxitos obtenidos le hacen confiar en que el próximo lanzamiento de la compañía, un juego de batalla de fantasía llamado “Spellsouls”, tendrá éxito. Si no, dice que la compañía ha ahorrado bastante para resistir algunos fracasos. “Estamos orgullosos de que vinimos de Belgrado, de Serbia, de la nada”, dice. Y luego está esa palabra otra vez. “Queríamos libertad”. 

Fuente: elfinanciero.com.mx

Comentarios

SIN COMENTARIOS