Hospitalidad Serbia, o cómo acabé pasando la noche en un bar cerrado

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No contaba con escribir nada hoy, pero después de lo que me pasó ayer necesito postear para explicar uno de los motivos por los que me fascina viajar: por la cantidad de buena gente que encontro allí dónde voy. 

Pongo en situación: no lo conté en la Introducción, puesto que en el blog quiero escribir más bien sobre lo que veo en mis viajes, no el cómo los hago, pero hay dos palabras que me gustan mucho mezcladas con mochilear: autostop y acampada libre. El caso es que por motivos evidentes de clima, últimamente la segunda no la estaba haciendo, así que al volver de Emiratos Árabes, pasé por el pueblo de Rumanía dónde viví más de dos años, Arad, a recoger la tienda que había dejado en casa de unos amigos. 

Una vez recogida ésta, puse rumbo con dirección Bulgaria y Macedonia, los países que voy a visitar en las próximas dos semanas. El plan era el siguiente: salir de Arad de buena mañana y coger coches hasta llegar a Nis (ciudad Serbia a escasos 150km de Sofia), acampar y llegar a Sofia al mediodía siguiente.

Bueno, pues para nada fue así. Con el mal día que hacía no paraba de llover a ratos así que con mucho esfuerzo llegué hasta la frontera con Serbia, pero para entonces ya había anochecido. Me costó pero finalmente encontré un coche que me acercó al primer pueblo después de la frontera: Vrsac.

Tenía que hacer noche allí y al día siguiente continuar hasta Bulgaria. Por la hora que era ya estaba casi todo cerrado y allí andaba yo buscando algún tipo de Mcdonalds, para poder pagar con targeta de crédito (pues al planear no pararme en Serbia, no tenía efectivo en Dinares) y para coger wifi para dar alguna señal de vida. Pues nada, vueltas y vueltas y no encontraba nada abierto. Llovía y hacía mucho frío y ya no sabía dónde más buscar. Finalmente me encontré con un bar con música y gente dentro. Mi apariencia desentonaba un poco con la gente que veía a dentro pero decidí entrar a preguntar si podría pagar un café con tarjeta. La camarera me dijo que debía preguntarlo pero que tomara asiento en un sofá mientras. Sólo ésto ya supo a gloria, después de tantas horas de pie haciendo autostop o andando de aquí para allí, estaba muerto. Al cabo de 5 minutos la chica volvió para decirme que le sabía mal pero que no podía. Yo le pregunté si ella o la otra camarera tenían idea de algún sitio cerca dónde pudiera tomarme algo caliente y pagar con tarjeta. Mientras ellas se lo pensaban pero ya empezaban a hacer que no con la cabeza, un hombre le preguntó algo en serbio. Hablaron durante medio minuto, obviamente sin que yo entendiera absolutamente nada, y justo después la chica me preguntó que quería tomar. Le recordé que no tenia con que pagarlo y me dijo que no me preocupara, que el hombre al escuchar la historia le había dicho que el pagaría lo que tomara. Después de dar infinitas gracias, pedí un café con leche y me senté. 

Alargué ese café tanto cómo pude, pues allí fuera llovía cada vez más. Miraba en Google Maps dónde acampar y tendría que caminar algunos kilómetros para salir del pueblo y poner la tienda. Una hora más tarde seguía allí, así que decidí que era hora de irme y buscarme la vida. 

Cuándo me estaba levantando se acercó la otra camarera y empezamos a hablar. Le gustaba tanto viajar cómo a mí, así que fácilmente nos liamos a hablar de viajes pasados y futuros de ambos. En un momento dado me preguntó si tenía ya sitio para pasar la noche y le respondí que sí pero que no sabía dónde estaría aún, señalandole la tienda de campaña. Cuando entendió a que me refería, abrió los ojos cómo platos y me llamó de loco para arriba. Me dijo que llovía, que hacía frío, que había muchos perros callejeros, etc. Se quedó callada unos segundos, y me dijo que me sentara que tenía una idea. Su plan era que al cerrar el bar me quedara a dormir allí hasta la mañana siguiente que abrieran. 

Rápidamente habló con el jefe y al momento ya me había apañado “cama” para esa noche. Me dijeron que me relajara allí hasta el cierre con ellas y que entonces me cerrarían dentro.
Más tarde me preguntaron si tenía algo de comida, a lo que respondí que tenía galletas y que era suficiente. Me quisieron invitar a comer algo pero me negué, era demasiado por su parte ya. Me dijeron que igualmente iban a pedir para ellas también y que no venía de uno más, así que al final acepté, aún sabiéndome mal. Al traerlo vi que sólo habían traido para mí, y que engañarme fue su manera de hacerme aceptar su invitación. Siendo así, me comí una maravillosa Pljescavica serbia y seguimos hablando durante horas. 

Y aquí de nuevo uno ve que el mundo es un pañuelo: La camarera con la que hablé justo al entrar era de Arad, ciudad dónde yo viví, y estaba trabajando allí ahora mismo. Seguimos hablando hasta el cierre, que vino el chico de seguridad y le explicaron la situación, y me encerraron allí de 12 a 5 de la madrugada dónde pude dormir como un señor en los sofas que había. 

Así es como quedó mi habitación 5 estrellas: 

Con una confortable “cama”, calefacción, música, wifi, una vela romántica y conversación hasta caer frito… Podía pedir algo más?

Finalmente no puedo más que volver a agradecer, ahora desde aquí, a éstas personas que tanto me ayudaron cuando ni les iba ni venía lo que me pasara. Me dieron un techo por esa noche, comida, bebida y me hicieron sentir como en casa por unas horas.

Y experiencias cómo estas fortalecen mi idea de seguir viajando de ésta manera. Pues si me hubiera ido a un hotel, hostal o lo que fuera, no hubiera tenido oportunidad de conocer a estos maravillosos locales serbios con los que hablé temas tan diversos cómo las independencias de Kosovo y Montenegro, cómo se vivía en la antigua Yugoslavia y cómo vivieron ellos mismos la separación de la misma. Y esto no tiene precio. 

Así que de nuevo, Jadranka, Alexandra e Igor, muchas gracias por todo. Sepáis que tenéis casa y un amigo allí dónde pare en el mundo y que la próxima vez que pare por Vrsac no será por accidente, sino para visitaros. 

Fuente: whereyounow.com

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