Internacionalistas

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La derrota de Hillary causó mutaciones asombrosas en el bello rostro de la democracia oficialmente proclamada y glorificada tanto en Estados Unidos como en México – una ocasión que confirmó la veracidad del dicho de que el bosque es difícil de ver para los árboles y de que el tronco en sí mismo es más difícil de ver a través de los ojos que ver una partícula de aserrín en el ojo de nuestro hermano.
Lo que un observador impasible podría decir que sucedió en Estados Unidos fue una especie de revolución similar a lo que ocurrió en la URSS a finales de los años ochenta: una superpotencia sobrecogida y casi en quiebra recibió una bofetada en la cara por su propio pueblo, el cual finalmente se negó a apoyar a los líderes que “chuparon” la sangre de la nación para asegurar la fuerza con la que podían luchar por los mitos geopolíticos de la dominación del mundo en vez de realizar el trabajo más básico y primario de cualquier líder en nuestro sistema legal global de estados soberanos: asegurar el bienestar del pueblo del líder y no dejar que cualquier otra persona, de cualquier otro estado (sea Ucrania, Kosovo o Siria) tome ese poder. Se puede ve una victoria de las ideologías tradicionales y primitivas de la soberanía, del localismo y de la mayoría sobre la imaginaria aldea global sin fronteras, en la cual los sueños y aspiraciones de cada minoría tienen prioridad y reciben fondos para su cumplimiento de las arcas comunes.
Está claro que el sistema político americano ha alcanzado sus límites de sostenibilidad y que muy poco puede hacerse para volverlo a una apariencia de conservación y longevidad. Ya ha destruido su propia fábula de que el libre mercado y el libre comercio son suficientes para asegurar el bienestar y las libertades básicas -principalmente porque las corporaciones colosales que controlan el gobierno casi han eliminado toda la competencia de pequeñas empresas nacionales, erigido barreras comerciales muy sofisticadas,  teniendo guerra con cualquier rival posible de otros estados, y borrando el valor monetario para cualquier bienestar significativo de la ciudadanía productiva, mientras que mantiene paz social financiando estilos de vida decadentes y destructivos de un segmento cada vez más notorio en la sociedad. Ha quedado muy claro que para ellos no hay negocio mejor y más rentable que el negocio de la guerra mundial y la destrucción.
Entre otras, una de las razones por las que Trump salió como triunfador fue el simple hecho de justificar los problemas del “Imperio” con la construcción de un muro entre México y los Estados Unidos. Mucho se ha sentido y se ha dicho al respecto, pero tal vez una pared mental impidió que muchas personas se dieran cuenta de que ya existe una división entre México y Estados Unidos y que bajo Barack Obama, la barrera de casi 1,000 km de largo y de 1/3 de la longitud total de la frontera, nada de esto disminuyó, sino que el Presidente continuó las operaciones de Gatekeeper, Safeguard y Hold-the-Line, y siguió expandiéndolas.
Una comprensión de la creencia entre muchos estadounidenses sobre la necesidad un muro, es su temor subconsciente de que las multitudes de mexicanos que llegan están recreando la infame Walking Purchase (un sucio truco por el cual los anglos tomaron la tierra de la nación Lenape en lo que se convirtió en Pennsylvania) para impartir una “re-compra” ambulante de sus tierras, y crear otro medio terreno en el territorio que tomarán por pura cantidad, como lo hicieron los gringos anteriormente en esa zona entre México Central y los Estados Unidos al Este del Mississippi.
En dicha pared ( la cual nunca se construirá), se colgará un espejo para que algunas personas puedan ver algunas verdades duras:
Un muro mucho más peligroso y dañino que separa a los mexicanos de Estados Unidos es el edificio existente de corrupción endémica, violencia y auto desvaloración que impregnan todos los niveles de la sociedad del país, causando pérdidas y desperdicios, inestabilidad e incertidumbre y desesperación y desesperanza, las cuales siguen empujando el peso hacia abajo, lo que hace más difícil para los mexicanos ir al extranjero, incluso si no hubiera ninguna barrera física que impidiera los pasos fronterizos.
Un acontecimiento interesante y muy revelador tuvo lugar recientemente… Algunos estudiantes en un campus donde enseño utilizaron una caja de cartón  para simular un muro o una pared. A los transeúntes se les ofreció escribir sobre  éste lo que pensaban del Presidente electo Trump. Si bien, hubo algunas críticas decentes y apropiadas, el muro también contenía algunas palabras y expresiones bastante ofensivas y vulgares, las cuales, irónicamente, fueron escritas por la juventud liberal, progresista y de mentalidad abierta que, por una parte, acusan a Donald de la misoginia, pero por otra, ofendieron gravemente a la comunidad LGBTQ. Y nadie reaccionó, sólo hubo risas y aprobación.
A pesar de eso, no se ofrecieron muros en los que un transeúnte pudiera expresar una opinión de Barack Obama, cuyos subordinados detuvieron y deportaron a cientos de miles de mexicanos. O de Hillary Clinton, una ex alta funcionaria que es acusado por muchos de los actuales refugiados de Oriente Medio y África del Norte en Europa, los cuales son supervivientes de las masacres del ISIS y los sufrientes pueblos balcánicos por ser el principal instigador de su miseria y desprotección.
Quiero terminar declarando que estoy en México no sólo debido a mi libre albedrío y elección, sino también porque entré en él después de un procedimiento de inmigración muy exigente y porque anualmente cumplo con los estatutos de visas de trabajo de mi país anfitrión, además de que pago impuestos y obedezco las leyes del estado, reconociendo a sus autoridades como legítimas y soberanas. Si actuaba de otra manera, negando la legalidad de la legislación mexicana, la legitimidad de sus funcionarios y violando sus normas y reglamentos, estoy seguro de que sería rápidamente (y muy apropiadamente) deportado de regreso al país del cual llegué a este Tierra tan hermosa y asombrosa, llena de una rica cultura y sociedad.
 
Por Višeslav Simić
Copyright: Diario 21

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