¿Kosovo? ¿Qué es eso?

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Hace unas semanas, escribiendo sobre la antidemocrática (y perversa) carrera política de Hillary Clinton, toqué el tema del territorio de Kosovo. Este es un asunto clave para entender sobre geopolítica y la forma en que Occidente se comporta en la política internacional, por lo que es importante profundizar en ello.

El arrebato de este territorio a Serbia comienza el 24 de marzo de 1999, cuando la OTAN comenzó los bombardeos sobre todo lo que estuviera a su paso. Ahora, se supone que esta organización es de “defensa colectiva”, lo que significa que defenderán a cualquiera de sus miembros si una facción externa los ataca. Pues ninguno de sus miembros estaba involucrado en este conflicto, pero curiosamente ahí estaban, metiendo las narices en Serbia.

Como lo había mencionado en el artículo anterior, Estados Unidos y la OTAN entran al conflicto para detener al presidente serbio Slobodan Milosevic de cometer un supuesto genocidio contra la población albanesa en la provincia de Kosovo. Sin embargo, la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas determinó en 2007 que tal cosa nunca ocurrió.

Occidente no participó únicamente con bombas y ataques aéreos, sino que también es responsable de brindar apoyo al grupo terrorista Ushtria Çlirimtare e Kosovë, o Kosovo Liberation Army. El KLA se componía de aproximadamente 30 mil voluntarios musulmanes de Albania, Turquía y el norte de África. De acuerdo a Yossef Bodansky, estos voluntarios fueron reclutados por organizaciones yihadistas con base en Europa Occidental que estaban aliadas con Bin Laden y Al-Qaeda, siendo Al-Muhajiroun el principal ejemplo. Durante los bombardeos, este grupo islamista emitió un comunicado: “Los Balcanes serán parte del futuro Estado Islámico aun contra la voluntad de los serbios, contra la voluntad de los europeos, y contra la voluntad de los estadounidenses.”

El KLA no sólo estaba formado por voluntarios yihadistas y otros mercenarios (de acuerdo al Ministerio Serbio de Asuntos Exteriores), sino que también incluía a veteranos de la División Bosnia Handzar. Ésta fue una división de las SS Nazis formada por musulmanes croatas y bosnios en 1943, responsables de la masacre de serbios del mismo año en Srebrenica (la cual fue misteriosamente borrada de la Historia oficial, pero fue rescatada por George Lepre en su libro Himmler’s Bosnian Division). Entonces, dando un breve repaso, Estados Unidos y la OTAN dieron su apoyo a un grupo terrorista formado por yihadistas y exnazis con tal de arrebatarle Kosovo a los serbios.

Vaya, sí que debe ser un territorio importante. Veamos ahora para qué lo querían.

Kosovo es un lugar de gran importancia geopolítica debido a que es el “corazón” de los Balcanes. Y la relevancia geopolítica de los Balcanes recae en dos factores: las tuberías de gas y petróleo, y el hecho de que es la salida de Rusia hacia el Mediterráneo (Geopolítica 101, Halford Mackinder  dijo en 1919 que la posesión rusa de Grecia les daría el control total sobre Europa y Asia).

En esta imagen podemos ver las tuberías de gas de los Balcanes:

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Y en ésta, por dónde pasa el petróleo:

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Entonces, estamos hablando de que Estados Unidos y la OTAN ocasionaron una masacre por el control del gas y el petróleo. (Nah, no te creo, cuéntame otra.)

Ahora, si nos fijamos en un mapa topográfico de los Balcanes podremos ver que casi la totalidad de la zona está cubierta por montañas. Sin embargo, Kosovo tiene una gran meseta llamada Metojia. Esto lo convierte en un “portaaviones” perfecto, desde el cual se pueden mandar en un instante vuelos militares a Moscú o a Medio Oriente.

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Muy cerca de esa meseta se encuentra Camp Bondsteel, la base militar estadounidense extraterritorial más grande en el mundo. Esta base sirve también como sede de la Kosovo Force (KFOR), una fuerza militar multinacional liderada por la OTAN. Ocupa casi 4 km2, y fue construida en poco menos de 4 meses. En 2002, Álvaro Gil-Robles, comisario de derechos humanos del Consejo de Europa, visitó la base militar y se refirió a ella como un “pequeño Guantánamo”, ya que pudo observar a prisioneros encerrados en células aisladas.

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Camp Bondsteel, con las banderas de E.E.U.U. y la OTAN

Pues bien, el resultado de todo este lío fue (no seamos inocentes) la creación de un país que sirviera de sede a la OTAN, con una posición estratégica que permite controlar la zona de los Balcanes, las acciones de Rusia en Europa Oriental, y el paso de petróleo y gas. Todo ello con el pretexto de darle independencia y poder de autodeterminación a un pueblo. Sin embargo, podemos ver lo que sucede en realidad si le echamos un vistazo a la Constitución de Kosovo.

El artículo 147 menciona que la autoridad final en Kosovo será el Representante Internacional Civil, y que ninguna otra autoridad en Kosovo tendrá la jurisdicción de cuestionarle. Y bien, después de que la OTAN le dio una valiosa lección al mundo sobre la importancia de la autodeterminación, podemos suponer que esta autoridad final que pareciera ser omnipotente es alguien de ciudadanía kosovar, o siquiera albanesa. ¡Ja, por supuesto que no! Se trata de algún funcionario de la OTAN de cualquier parte de Europa Occidental. Hasta 2012 el puesto lo ocupó Pieter Feith, nacido en Holanda. De acuerdo al Departamento de Estado estadounidense, este puesto se eliminó en septiembre de 2012. Sin embargo, no logré encontrar una Constitución de Kosovo más reciente para ver qué diablos ocurrió con ese artículo.

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Si seguimos leyendo un poco más, nos toparemos con que el artículo 153 menciona algo similar, pero esta vez refiriéndose al control militar. Aquí se establece que la KFOR mencionada anteriormente tiene el poder absoluto en los asuntos militares. Y así es, el comandante de la KFOR no nació en el territorio de Kosovo o de Albania, sino que se trata de Roland Kather, Teniente General del ejército Alemán. Esta organización, a diferencia de la Oficina del Representante Internacional Civil, funciona hasta la fecha.

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La realidad de lo que sucede en Kosovo va mucho más allá de las intrigas políticas y militares que suceden en la OTAN, y es que en el territorio hay gente común y corriente tratando de vivir cotidianamente. Sin embargo, se trata de un Estado fallido aquejado por problemas de narcotráfico, trata de personas y tráfico de órganos. Y el que ocurra esto es completamente lógico si vemos al tipo de persona que tienen por primer ministro: Hashim Thaçi.

Este sombrío personaje fue líder del Kosovo Liberation Army, y de acuerdo a Carla del Ponte, ex fiscal de la ONU, en 1999 traficó con los órganos de entre 100 y 300 serbios que cayeron prisioneros de su grupo terrorista. Además, de acuerdo con una investigación publicada por The Guardian en 2010, el primer ministro kosovar lidera una red criminal dedicada al tráfico de armas, drogas y órganos humanos. Por supuesto que todo ello lo realiza con el beneplácito del gobierno estadounidense y de los otros miembros de la OTAN.

Y claro, mucha autodeterminación y un largo etcétera de pretextos con los que Occidente justifica su intromisión e independencia de Kosovo. No obstante, ¿qué ocurre entonces con los casos de Transnistria y Abjasia? ¿O con Kurdistán y Palestina? O inclusive Cataluña… ¿Acaso estas naciones no tienen derecho a la autodeterminación? Quizá no, porque sus independencias no son relevantes a los intereses de Occidente.

Por: DANIEL ROUX

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