Kotor el tesoro de Montenegro

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El mal clima puede suspender una fiesta, pero nunca debería arruinar un paseo. Aunque Montenegro se vea blanco por las nubes bajas, los turistas se preparan para desembarcar en Kotor, una ciudad a orillas de la bahía Boka Kotorska, con vista al monte Lovcen y a 90 kilómetros al oeste de Podgorica, la capital.

Si no fuese porque las embarcaciones lo agitan de a ratos, el mar es tan calmo que en los días soleados refleja monte y cielo. Hoy no es el caso, pero sí la excepción. Según datos oficiales, este país tiene un promedio de 240 días de sol al año.

Crna Gora es el nombre oficial de Montenegro (y significa montaña negra). Tiene más de 650.000 habitantes y una superficie de 13.812 kilómetros cuadrados. Esta república parlamentaria tiene a Croacia, Bosnia Herzegovina, Serbia, Kosovo y Albania como sus vecinos.

Junto con Bar y Zelenika, Kotor es uno de los puertos principales. Es el más popular de los tres por su ubicación a metros de la entrada a la fortaleza. Tal vez por esa razón los tours en barco son tan requeridos. No hay nada como llegar y estar a pasos de todo; recorrer el casco antiguo (que es la gran atracción) y seguir el viaje.

La muralla forma un triángulo a lo largo de 4,5 kilómetros y contiene la ciudad antigua. Es una construcción de principios de la Edad Media, aunque su fachada tenga la inscripción del 21 de noviembre de 1944 y eso desoriente un poco. Primero hay que remontarse a los tiempos medievales, cuando el emperador bizantino, Justiniano I, expulsó a los godos y encargó construir una defensa ante un posible contraataque. Pero claro, la fecha del pórtico no refiere a esa época, sino al día en que los partisanos liberaron a Kotor tras la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

En el casco antiguo no hay tránsito, ni bocinas. Aquí están los templos que resumen el paso de romanos, bizantinos, serbios, otomanos, venecianos y austro-húngaros por esta región de los Balcanes.

San Trifón.  La catedral católica de San Trifón está en el centro de la ciudad medieval. Si bien se construyó en 1166 sobre las ruinas de un templo del siglo XI, con un estilo romano y detalles de arquitectura bizantina, se reconstruyó después de varios terremotos que azotaron la zona. Trifón es el santo protector de Kotor y cuenta la leyenda que su cuerpo llegó al puerto en manos de mercaderes venecianos en el año 809. Esa fecha figura en la fachada del edificio, junto con el año 2009 cuando la catedral recibió el título de basílica.

Muchos carteles están escritos en cirílico salvo la palabra sobe, que se repite por todos lados y significa habitación. Se ve que alquilan muchas. Acá los locales hablan montenegrino y es difícil encontrar a alguien que sepa inglés, menos que menos español. Por eso es recomendable tener el paseo organizado o  echarle una mirada al mapa de antemano.

Por estas calles es fácil desviarse, pero también es fácil reconocer a las iglesias por sus cúpulas y volver a ubicarse. Aunque San Lucas sea chiquita y su torre de piedra esté ennegrecida por el paso del tiempo, la encuentro entre sombrillas de un bar. Esta capilla es conocida por ser un ejemplo de tolerancia y convivencia religiosa. En 1195 se construyó como iglesia católica, pero en 1657 llegaron los ortodoxos y agregaron un altar. Hasta 1812, los servicios se turnaban. Primero se celebraba un credo, después el otro. En la actualidad eso no sería tan mitad y mitad, pero no por intolerancia, sino porque los ortodoxos representan a más de 70%  de la población religiosa, mientras que los católicos son una minoría.

A pocos metros, un aroma a incienso atrae y lleva hacia la catedral de San Nicolás. Una construcción de 1909 tan silenciosa y con una decoración tan despojada que el mínimo sonido hace eco. Quienes entran caminan casi en puntillas, porque pisar con el talón sería demasiado ruido. Por fuera es toda de piedra y tiene una bandera de la Iglesia Ortodoxa serbia que cuelga entre los dos campanarios. Por dentro, los detalles dorados y la madera oscura enmarcan las imágenes de un iconostasio conservado desde 1908.

Dicen que toda visita a Kotor se corona con una subida al castillo de San Juan. Dicen que si se pagan 3 euros y se suben más de mil escalones hasta la cima, se consigue la mejor vista panorámica sobre la bahía. También aclaran que subir y bajar toma más de dos horas, requiere de un buen estado físico y lo mejor es hacerlo un día despejado.


Para el paladar

Si hablamos de comida, la gastronomía de Montenegro tiene influencia italiana, turca y comparte los sabores de la península balcánica. Ni bien se cruza la muralla, sobre la Plaza de Armas, están todos los bares y restaurantes. Los platos a base de pescado son bien frescos y para tener en cuenta; aunque la especialidad típica de la zona es el cevapi, una carne asada parecida a un chorizo, pero hecha de ternera picada. En cuanto a los dulces, baklava (una torta de nuez y miel) y krempita (un poco más pesada porque viene con vainilla y crema pastelera) son los top de la pastelería.

El dato

Para informarse sobre los precios y las compañías que ofrecen traslados en barco desde ciudades cercanas a Kotor: www.portofkotor.co.me y www.visit-montenegro.com 

Fuente: el-nacional.com

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