La dimensión de Nikola Jokic

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El pívot, en su concepto clásico, está en vías de extinción. Son pocos los eslabones aferrados al martillo para predicar su dominio. No se trata de valorar sino de progreso. El baloncesto actual se aleja de etiquetas y propone sus nuevos mandamientos: ritmo, versatilidad y espacios.

En esta realidad, el jugador interior ha adquirido nuevas formas, sea por sus roles o zonas de acción. La fórmula de la triple amenaza (bote, pase y tiro) permanece intacta, pero ya no entiende ni de rigidez ni de posiciones. Los automatismos de Kristaps Porzingis, la destreza de Karl-Anthony Towns o, cómo no, la movilidad de Joel Embiid. Todos evolucionan al mismo compás que el juego. Pero luego está Nikola Jokic.

El serbio reivindica la figura del point-center siguiendo el camino que primero emprendió Arvydas Sabonis. Interpreta, crea y distribuye, un director encubierto que aísla la pintura en beneficio del resto. Un bailarín de siete pies con visión periférica.

El eje de Denver Nuggets

Sumidos en la indiferencia, entre la juventud y la experiencia, Jokic apareció en Denver Nuggets para dar luz dentro y fuera de la cancha. Un faro en el poste que tras los destellos de su primer año, demostró aptitudes y voluntad para definir la dirección de un equipo sin rumbo.

Un físico enclenque, lento para algunos y falto de músculo para otros. Jokic ha preferido fortalecer su mente, y el resultado es un instinto diferencial. Su posicionamiento es tan asombroso como su capacidad para anticiparse. Genera antes de tener el balón, va un paso por delante.

“Pienso que los únicos músculos que necesitas en el baloncesto son los que tienes en el cerebro”, le confesaba a Lee Jenkins, de Sports Illustrated.

Al poco de empezar la temporada llegaron los highlights, las asistencias de galería y los números de estrella. Siempre eficiente, pero también limitado. Porque más allá de los registros estaba el contexto. Mike Malone quería ser prudente, controlar sus minutos y vigilar sus problemas atrás. Cuidarlo como un secreto, uno que hoy ya es imposible guardar.

Fue cuestión de tiempo que Malone le quitara las cadenas. Primero fue la titularidad, después el traspaso de Jusuf Nurkic. Ante la oportunidad el serbio había respondido, sobre todo, con personalidad. La de un líder en ciernes, la de alguien dispuesto a dar sentido a una franquicia que no ha escapado de la inconsistencia, pero que ha encontrado a su guía para escapar de ella.

Porque Jokic es un pilar, y Denver debe construir sobre él.

Fuente: basket4us.com

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