La impactante carta de un niño que relata la división de su ciudad, Serbía, mostrada a través del Baloncesto

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Los niños y sus lecciones. Muchas veces no se necesita ser un sabio para ver la realidad y luchar por algo diferente. Este artículo que os traemos hoy tiene dos protagonistas, un niño y el baloncesto. Nos enteramos de ella gracias a @IRUKLugo que nos mencionó en Twitter. Ahondamos un poco más en la historia y leemos la carta y la web de donde procedía dicho artículo. Su origen viene de Kosarka, una web Serbia que muestra esta impactante carta de un niño que describe lo que vivió el baloncesto y en concreto el femenino de la u18 de la selección Serbia. 

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Él es un estudiante que decidió mostrar su visión del país con el titular: “Nuestra ciudad dividida” . Todo se debe al bronce que ganó la selección femenina el pasado verano. Si tienen un rato, dedíquenle unos segundos a esta carta, traducida como buenamente he podido del serbio.  A pesar del idioma, la realidad y el mensaje queda claro. Y ya saben eso de que… los niños no mienten:

 

“Yo nací en Osijek, y creci en Vukovar. Cuando tenía 4 – 5 años he visto a nuestro pueblo abandonado y las casas destruidas, las carreteras dañadas. Las preguntas que hice a mis padres sobre esto eran la siguiente respuesta: diez años antes de que yo naciera en nuestra ciudad hubo una guerra.

Por supuesto que en mi cabeza daban vueltas una variedad de imágenes, porque he visto un montón de dibujos animados en una variedad de personajes de la mitología griega, pero también esos personajes irreales Teenage Mutant Ninja Turtles, Pokemon y similares. He visto malos y buenos, varias luchas con espada, la victoria y la derrota de estos héroes. Continuaron mis preguntas, mis padres me respondieron y me di cuenta de que antes de que yo naciera, había un estado común en que vivían seis nacionalidades que se dividieron después de lo que pasó en la guerra.

Voy a una escuela llamada Sinisa Glavasevic, aprendí que Sinisa fue periodista que murió en esa guerra, fue asesinado en Ovcara. Yo sé que él fue asesinado por los serbios, me dicen que los serbios somos los malos, porque él fue capturado por ser croata, él estaba en la guerra del lado de Croacia.

Fui bautizado cuando era un bebé , he aprendido el “Padre Nuestro ” en el jardín de infancia, mi mamá es sremica de la ciudad de Srem, mi padre es serbio, mi abuela paterna nació cerca de Loznica que pertenece a Serbia.

Juego con otros niños desde una edad muy temprana. Sé que los niños son de ascendencia croata. En nuestro campo de juego común entre los edificios siempre oigo voces alegres de los niños, risas y algunas lágrimas cuando les mandan volver a casa al final del día.

En nuestra escuela , la mitad de los niños van por el programa de Croacia , y la otra mitad de los niños al programa “serbio”, los croatas utilizan el alfabeto latino, los serbios los alfabetos cirílico y latino, unos aprenden el croata, otros el serbio y croata, nos enseñan el catecismo católico, aunque somos ortodoxos.  En cambio, algún día en algún momento, como una fiesta del deporte podemos estar juntos, aunque algunos acontecimientos nos separen.

Este verano en nuestra ciudad se produjo un acontecimiento que cambió todo. El campeonato de Europa de Baloncesto de las niñas menores de 18 años. Entre otros equipos competía el equipo de Serbia. Nunca estuve en un partido de Serbia. Fui al partido y no fui solo, al primer partido me llevó mi padre, y a los siguientes fuimos mi hermana, mi madre y yo.

Las niñas de Serbia ganaron, primero  a Grecia y luego a otros equipos. Nos animamos a cantar, nos mordíamos un poco las uñas cuando el marcador estaba apretado.

Llego el partido con Suecia, en el otro lado del pabellón, en las gradas otros seguidores, conocidos y desconocidos. Comienzo el partido, cantamos el himno nacional y luego comenzaron los gritos de “Matar el serbio, los serbios ahorcados en el sauce, …” Yo no sé que pasaba, mi madre me miró asustada. Estos cánticos se prolongaron durante unos diez minutos, los policías rodearon a los aficionados del otro lado del pabellón. El partido terminó. En frente los guardias de seguridad, policía y más policías, desde el otro lado nos gritan “chetniks y otras maldiciones …”

Mi madre dijo “Odio que hayáis oído esto, no me gusta”. Nos hubiese gustado ir a casa andando, pero era peligroso.

En el Campeonato de Europa todos vieron el partido que Serbia ganó la medalla de bronce. Cada partido siguiente se asemeja al de Suecia, la policía rodeándonos a nosotros e insultos desde el otro lado del pabellón.

El orgullo que sentí cuando las jóvenes jugadoras serbias recibieron una medalla es algo que siempre recordaré.

Desde entonces, sé que nuestra ciudad se divide en la gente común y gente que odia a los demás. Sin embargo, cuando le preguntó a mis padres “¿dónde quieren vivir?” ellos me dijeron: “Aquí, aquí es el mejor lugar!”

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