La Slava – de los Balcanes para Venezuela

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La virtud mayor de ser hija de emigrantes es que crecemos a caballo entre la tierra a la que pertenecemos y la que nuestros mayores nos heredan. Así pues, balcánica por herencia y caribe por decisión, hoy les contaré lo mismo que hace muchos, muchos años, me contó mi padre. La historia de la Slava.

Escrito por nuestra amiga Olga Krnjanski

Casi siento las miradas extrañadas ante este título. ¿Que los balcánicos nos pueden dar algo? Algunos pensarán en OTPOR, el movimiento juvenil serbio que sacó a Milosevic del poder, otros en el juicio que a éste se le sigue por crímenes de lesa humanidad.

No. Lamento desilusionarlos. No hablaré de dictaduras ni dictadores.

Les voy a contar una tradición serbia que se remonta mucho tiempo atrás. Anterior a mis padres, a sus abuelos y a los abuelos de estos.

La virtud mayor de ser hija de emigrantes es que crecemos a caballo entre la tierra a la que pertenecemos y la que nuestros mayores nos heredan. Así pues, balcánica por herencia y caribe por decisión, hoy les contaré lo mismo que hace muchos, muchos años, me contó mi padre. La historia de la Slava.

Entonces me pareció un cuento bello con todos los ingredientes de una historia perfecta: clandestinidad, persecución, ingenio, fortaleza y al final el triunfo de la libertad sobre la opresión. Hoy, esa vieja tradición de mis ancestros, que se pierde en el tiempo, se hace viva y palpitantemente vigente.

La historia, como la aprendí de pequeña, dice así:

Cuando la dominación turca intentó doblegar el espíritu cristiano del pueblo serbio, éstos buscaron una fórmula para burlar al formidable opresor y reforzar a un tiempo su indoblegable espíritu libertario y su pertenencia a la fe ortodoxa de Cristo.

Debían sin embargo dar con un mecanismo sencillo que les permitiera hacerlo sin levantar sospechas.

La respuesta la dio el santoral. Cada pater familae, de acuerdo a su nombre, se colocó bajo la protección de su Santo Patrón y en su día, la familia celebraba su Slava. Juan, Pedro, Pablo, Miguel, Nicolás…

Los hermanos de fe, amigos y vecinos, sin mediar otra convocatoria que el seguimiento del santoral, acudían subrepticiamente el día señalado a la casa correspondiente, celebraban su cristianismo y reforzaban su espíritu de libertad en un evento familiar y comunitario y retadoramente clandestino. La Slava, valga aclarar, es una celebración exclusiva de los serbios y después de la Navidad, está por encima de cualquier otra celebración.

En tal día, cumplida la ceremonia que les contaré mas adelante, dice la tradición, la leyenda y la práctica, la puerta del anfitrión debía abrirse a todo aquel que quisiera venir. Incluso, si llegaba el peor enemigo, este debía ser recibido y atendido con todas las gentilezas del anfitrión, como prueba real del espíritu que forjó la tradición.

Recuerdo como me impresionó esta parte de la historia y aun hoy, me sigue maravillando. ¡Las tradiciones son la verdadera fuente de la sabiduría!

Continuó contándome papá: La larga dominación turca, obligó a generar una fórmula para la transmisión, de generación en generación, de la slava. Era imperativo que sus valores permanecieran en el tiempo.

Así pues, se acordó que mientras estuviera el Pater Familiae, todos quedaban al amparo de su santo patrón. La festividad se heredaría por vía masculina exclusivamente y sólo a la muerte del padre, pasaría el hijo mayor a ostentar la responsabilidad de la fiesta.

Cuando había varios hijos varones, a la desaparición del padre y ahora dueño el hermano mayor de la fiesta familiar, los hijos menores, recién al casarse y formar una nueva célula familiar, pasaban a celebrar su propia slava, asumiendo entonces el santo de su nombre. Las mujeres -eran otros tiempos- pasaban de santificar la slava de su padre, a preparar la slava de su marido esta vez como “domacica”(léase “domáchitsa”), es decir, anfitriona. Así pues, la cadena de celebraciones jamás fue interrumpida y generación tras generación, los serbios mantenemos y festejamos la antigua pero vigente tradición que alienta la fortaleza ante la adversidad, la resistencia ante la dominación, la determinación fundada en la fe y la libertad como aspiración irrenunciable. .

Pero ¿en qué consistía la celebración de la Slava?. Mi cabecita de niña soñadora, deliraba de placer con la historia mil veces contada.

Valores tan importantes, requerían de un procedimiento que verdaderamente expresara lo que se quería transmitir. Así pues, el señero día en la vida de cada familia, estaba lleno de símbolos, significados y leyendas a cual mas hermoso y pleno de sabiduría. Sus fórmulas simples, las harían permanecer en la historia a la vez que resultarían incuestionables si el opresor intervenía.

El rito ha permanecido inalterable al paso de los siglos.

En mi casa los preparativos comienzan desde semanas antes. La cocina emana los olores exquisitos de las recetas elaboradísimas de mi mamá a cual mejor. ¡Incluso preparábamos las finísimas y torturantes hojas de strudel en faenas indescriptibles! La historia de los platillos daría en si misma para llenar un tomo de la Británica.

Para celebrar la Slava, paralelo al profano aunque delicioso accesorio gastronómico, se requieren 4 elementos infaltables, cargados de significado. Ellos son: una vela, vino rojo, el Kolač (h) y el zhito. Los dos últimos, salidos del fogón de la dueña de casa y motivo divertido de competencias entre señoras.

Llegado el gran día, con asistencia del Pope (sacerdote), o por vía del Pater Familiae, todos los miembros de la familia nos reunimos alrededor de estos 4 elementos-símbolos y comienza la ceremonia. La mesa es presidida por el icono del santo familiar.

En mi casa, se trata de San Juan Bautista que celebramos el 20 de Enero.

Nos persignamos en respetuoso recogimiento y papá, para dar comienzo al acto, enciende la vela para indicar que la Luz del Señor se enciende en nuestro hogar.

La estrella del acto es el Kolač, suerte de pastel horneado como verán en la foto semejante a un panetone.

Esta torta se hace con levadura y dice la leyenda, que si el Kolač “crece alto”, el año será bueno para la familia. Todos solemos estar pendientes de que ese sea el caso y cada familia tiene esas anécdotas pequeñas donde la madre preparó uno y otro y otro kolač hasta que este creciera bien. ¿Me creerían si les digo que los años que no creció fueron años muy duros?…Como toda tradición que se precie, no puede faltar el elemento mágico y maravilloso.

Pero, aparte de la leyenda sobre su crecimiento, el verdadero valor del kolač y su profundo significado no deja de emocionarme año tras año.

Se trata de los símbolos que lo adornan y que no tienen carácter decorativo, sino que resumen, de manera magnífica, la aspiración de todo pueblo en todo tiempo y lugar.

Verán que la parte superior del kolač está dividida en cuatro cuartos en analogía con la Cruz. Cada uno de ellos contiene un símbolo, inocente a la vez que poderoso, hecho en masa .

 Esa decoración siempre la hace mi papá aun cuando sus ojos ya no lo ayudan y las nietas se ofrecen como mano obrera.

El primer símbolo, es un racimo de uvas, que significa la prosperidad y la abundancia.

A su lado, una pera sobre una hoja de parra simboliza la dulzura que se aspira para la familia.

En el tercer cuarto, va un escudo que lleva impresas 4 letras S en alfabeto cirílico (C) síntesis de la frase “Samo Sloga Srbina Spasava” símbolo de los serbios desde tiempos ancestrales que significa (créanme, no hay casualidades y la historia es sabia y tozudamente repetitiva) “Solo la Unión salvará a los serbios” (¿vieron?).

Y finalmente, en el último cuarto, un pájaro con las alas abiertas, símbolo universal del mayor bien del Hombre: la Libertad y la Paz.

Encendida la vela, rezamos el Padre Nuestro y entonces papá, volteando el Kolač ayudado por mamá, le hace dos cortes cruzados a la base y le vierte un poco del vino, símbolo de la sangre de Cristo, haciendo con él la señal de la cruz.

A continuación nos invita a todos a que simultáneamente, pongamos nuestras manos en el kolač y juntos lo vamos girando mientras oramos en voz alta. De este modo cada miembro de la familia recibe y toca los símbolos del kolač: la abundancia, la dulzura, la unión y la libertad. Hecho esto, todos besamos respetuosamente el pastel en estricto orden de edad, de mayor a menor y lo colocamos de nuevo en la mesa. Pasamos así al cuarto elemento que se bendice con vino haciendo nuevamente la señal de la cruz: el zhito.

Este delicioso platillo (a la derecha de la foto) hecho con trigo hervido, molido y preparado luego con azúcar, nueces, almendras y aromatizado con nuez moscada, añade nuevos significados al encuentro. El trigo endulzado, representa la muerte y resurrección de Cristo, dicho de otra manera, el triunfo sobre la muerte. Sirve a un tiempo como una ofrenda a Dios por las bendiciones recibidas, para honrar al Santo Patrón de la casa y para recordar a nuestros ancestros que vivieron y murieron en la fe ortodoxa.

Hecha la bendición mi papá se persigna y toma una pequeña cucharada del zhito y acto seguido mi mamá hace lo propio. Me corresponde entonces tomar la bandeja e ir sirviéndolo a todos en el mismo orden, de mayor a menor, empezando por mi hermano y su esposa, mi esposo y los nietos en estricto orden de aparición. Yo soy la última y me lo sirve una de mis hijas. Se trata de una preparación sumamente dulce de la que se toma solo una cucharita, pero antes de servirse, es preciso persignarse.

Cuando todos lo hemos tomado, viene un momento sumamente emotivo pues allí es donde todos nos abrazamos y nos besamos deseándonos mutuamente“sretna slava”, valga decir, Feliz Fiesta.

Una vez que se ha servido a toda la familia, se procede a servirlo a los invitados. Aquellos invitados -o no- que llegan finalizada la ceremonia, son recibidos en la puerta con la bandeja del zhito, se persignan, toman el dulce y felicitan a los anfitriones deseándoles “sretna slava”.

A partir de ahí, la palabra es ¡Fiesta! Bailamos kolo, se oyen las viejas canciones de amor y las que hablan de la patria, alguno cuenta historias viejas…

Se hacen honores a los platillos de la domacica con el espíritu ligero de haber llegado a un nuevo año, por la dicha de compartir entre los seres queridos, por haber superado las dificultades y por la certeza de contar con la bendición de Dios, el Santo Patrón y los ancestros para continuar la lucha, no importa cual esta sea.

A partir de ese momento lo divino y lo profano se dan la mano. Finalizado el día, la vela se apaga en respetuosa ceremonia intima. Mantener la Luz interior a partir de ese momento, es responsabilidad de cada miembro de la familia

Este año mi padre celebra su Slava número 90, cifra mas que venerable, sin que ninguna dificultad haya impedido que continuemos con la tradición. Ni guerra, ni emigración, ni pobreza, ni desánimo. Ya mi mamá está preparando los platillos: ajvar, prase, sarme, gibanica. El kolač lo haremos el domingo y espero que crezca alto y hermoso.

Y en medio de esta especie de tristeza colectiva, de este desánimo desencantado y silencioso, pienso que mi Slava llega desde sus lejanos orígenes para recordarme, aquí y ahora, que los valores inmortales requieren solo un ingrediente para permanecer: que tengamos fe en ellos, que nunca, ninguna dificultad nos impida celebrarlos y sobre todo, que tengamos el arrojo de arriesgarnos, sin importar lo formidable del obstáculo, para defenderlos.

Abundancia, dulzura, unión y libertad, esos valores que nos heredaron nuestros ancestros, merecen todo eso y mas.

Así pues, este es el regalo de los Balcanes para Venezuela. Sretna Slava a cada uno.

La nuestra será el día 20 y los preparativos ya burbujean en el fogón y en el alma.

Post data traviesa: a los que tiente cierta oscura maledicencia, duda o sospecha, les cuento que mi padre es serbio, mi madre es croata, mi marido es vasco y yo soy, a mucha honra, caraqueña de Petare. Doy fe y soy prueba viviente que la integración y la convivencia son posibles, aun en medio de las mas abismales diferencias.

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