Mamá, no tengo la culpa de haber quedado vivo! Como el actor Mia Aleksic fue llevado a fusilar en 1941 y escapó a la muerte!

606

El reconocido actor serbio Mia Aleksic (Mija Aleksić) fue llevado junto a sus compañeros de clase el 20 de Octubre de 1941. pero el destino hizo que evitara la muerte.

Sobre este hecho en 1979 escribió la revista RTV, rescatamos este terrorífico cuento para que las nuevas generaciones conozcan por lo que pasaron los serbios durante la II guerra mundial.

“Amaneció el 20 de Octubre de 1941, la mamá de Mia, Sinđа, se levanto muy temprano para comprar pan para el desayuno. Su padre Velimir aun estaba acostado en la cama, su mente estaba en el frente ruso.

“¿Será verdad que los alemanes tienen tanto éxito como lo cuenta la radio? Los sovieticos se estan retirando…”

Ese dia, Mia tenia clase de matematicas, la cual no llevaba muy bien, y estaba esperando que lo llamasen a disertar… Sabia que no sabia nada, o un poco mas de la nada. Se peinaba delante del espejo y se hablaba a si mismo:

“Pobre de ti, a ver si te safas de esta clase, vivirás cien años!”

Nunca se le paso por la mente lo que viviría mas tarde, que su vida cambiaria 180 grados.

La familia Aleksic vivia en la casa de Mika Drаgićević. Su patio se encontraba entre las calles  Rudnička y la calle del Principe Pedro.

Un callejón bien metido, fuera de la vista y control de los transeúntes. Mia salio a la calle a pasear. Penso que a lo mejor le podría hacer bien un poco de aire y le entraría algo en su cabeza antes de la clase de matemáticas.

Llevó su libro. Leera la leccion de hoy rapido. No sera la primera vez que se salve así.

– ¿Será que asi se estudia ahora? – escucho una voz estruenda tras de si.

– No papá, solo estoy repasando mu conocimiento… – respondio tartamudeando.

– ¿Te preparaste?

– Como siempre… – contesto Mia con fuerza.

En la puerta se encontro con su mamá.

– Atras! – le gritó Sinđа.

Apretaba con toda la fuerza contra su pecho el pan, como si tratase de esconder su corazon, el cual amenazaba con salirse.

– ¿Que pasó? – gritó Velimir.

– Los alemanes se estan llevando a la gente…

– ¿Como?

– Se los estan llevando. Vi en la calles las metralletas y su ejercito. Se llevan a todos los que encuentran. Los estan sacando de sus casas … ay de nosotros!

Se escucharon los gritos desde la calle. Velimir aun no entendia que estaba pasando.

– ¿Como eso: se los estan llevando? ¿Porque?

– No tengo idea! – tiritaba la madre de Mia. – ¡Vamos huyan! ¿Que están esperando?

La mirada de Velimir se centro en Mia. Sus labios empesaron a tiritar.

– ¿No… se llevaran … a los niños?

– Vi que se llevaban a los niños tambien.

Mia agarro el pan y los libros.

– ¿A donde vas? – grito su madre desesperada.

– Tengo miedo de quedarme aquí. Me voy al colegio. Lo que le pase a mis compañeros, que me pase a mi también. – Mia salio corriendo.

– Hijo, no vayas! – ya sin voz gritó su mamá.

Pero Mia ya salto el muro.

El espectro de la muerte entra a la sala de clase

Mia estudiaba en el II bachillerato de hombres de Kragujevac, el cual se podría decir, encontraba prácticamente al frente de su casa. Ese era un edificio viejo, adaptado como colegio, en el cual estaban puestos solo dos cursos de octavo básico.

A algunos minutos de las 8. En la sala de clases comentaban sobre la atmosfera que se vivia en la ciudad. Cada alumno que entraba a la sala llegaba con noticias frescas.

– Dicen que los llevaran a trabajos forzados a Alemania…

– No lo creo, los llevaran a los campos de concentración…

– A mi me dijeron que…

– ¿Que te dijeron?

– Que puede pasar cualquier cosa.

– ¿Que es cualquier cosa?

La sala quedo en silencio total. Nadie se atrevia a decir la palabra mas aterradora “fusilamiento”. En ese momento de silencio funerario entro la profesora Brаnkа Rаnković, que tenia que dar la primera clase de idioma serbio. Estaba confundida. Le costaba comenzar la clase. Se preguntaba ¿Vere hoy a estos niños por ultima vez? Todos los ojos de la clase la miraban a ella. Calladas, inmoviles.

– Niños, hoy hablaremos sobre…

En ese momento se abrieron las puertas de la sala. En ellas se asomó un aleman con su casco puesto, abrigado con un abrigo impermeable negro, con su metralleta (Maschinenpistole) dirigido a los estudiantes.  Lo recibieron callados e inmobiles ojos. Sintiendo que no hizo ningun efecto sobre los niños, el aleman se devolvio, cerro la puerta para luego botarlas con los pies.

– ¡Los, los! – gritaba como animal.

Batallón de alumnos…

La profesora se paró delante de su ametralladora. Lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y su voz tiritaba.

– ¿Para que quieren a los niños? ¿Porque los molestan? ¿Que mal les hicieron?

El soldado alemán la empujo dándole paso a sus compañeros.

– ¡Al patio, en filas de a tres! – gritaban eufóricos.

De oidos paralizados, indefensos, los alumnos cedieron a las ordenes.

La mamá de Mia le llevaba a su hijo un abrigo para el frio.

– Mijo, hijo querido, se los llevaran a la internacion, pasaras frio aya, toma el abrigo y este pan…

Los alemanes se apresuraban a recoger la carne humana, empujaban a los niños en las filas con las puntas de las bayonetas para que se apuraran.

La columna partió. El batallón de alumnos…

Mia tomo la mano de su madre y la beso. Miró una ultima vez el patio de su colegio, a su querida casa, a su padre Velimir quien como una estatua estaba inmobil parado, en piedra convertido por el dolor. No tenia fuerzas para levantar su brazo, no podía saludar a su hijo.

mija-aleksic
Mija Aleksic durante la II Guerra Mundial

Se oían gritos y llantos de las madres que corrían detrás de sus hijos, mientras que los alemanes seguían gritando a los alumnos “los, los”, asi se terminó la tarde en Kragujevac, ese 20 de octubre de 1941.

Mia fue al colegio en un abrigo delgado. Se lo quitó y se lo paso a su amigo Brаnko Nikolić, el cual no alcanzo a llevarse el suyo de la sala de clases. Luego Mia se puso el abrigo que le dió su mamá. Sus manos tiritaban, los dedos se apretaban.

– ¡Que sea como tiene que ser! – con suspiro dijo Aleksić.

Esperando el final

Durante todo el día infinitas masas de personas llegaban a las baracas. En una de esas estaba el curso de Mia.

Mia recuerda con pena esos días  y con dificultad cuenta:

– No se… Un vacio total. Nada. Un filoso dolor: ¿Porque debo morir? El miedo a morir, rechazo… Luego embotamiento, apatía… imágenes de mi niñez, caras de mis padres, hermanas, amigos… La película avanza lentamente, quisiera que durara infinitamente… Finalmente, un poco de esperanza. A lo mejor nos van a soltar, nos van a ahuyentar a algún lado. Esto es solo momentáneo…

Se escuchaban tiros. Ya teníamos mas que claro lo que nos esperaba. Vi a mi padre y a mi madre como caminan de negro detrás de mi. Velimir dejo crecer su barba, su pelo está gris… Comense a llorar. Dentro de mi… Entonces, este es el fin…

El 21 de Octubre alrededor de las 19 horas, los alemanes los sacaron de las baracas y los llevaron a la escuela cervecera. Ambos cursos del II bachillerato de hombres.

– Vayan a sus casas – dijo un aleman.

Al parecer los alemanes saciaron el numero.

¿Pero, quien va a creer? Todos lo miraban con ojos mudos, inmobiles de niños adolezentes.

Mia pregunta.

– ¿Estas seguro?

Con la cabeza afirmo el aleman.

–  Algunos de nosotros vivimos por acá cerca. ¿Podemos ir a nuestras casas?

Este le pregunto a un superior y este le dio la autorización.

Soltaron a unos diez.

A los demás los llevaron a la escuela de cervezas y se los entregaron a los Ljotićevci (Grupo paramilitar nazi serbio).

Asi es como quedaron vivos los estudiantes de ambos cursos del II bachillerato de hombres de Kragujevac. Ese dia solo Bušetić no llego al colegio. Los alemanes lo detuvieron y fucilaron con los demás.

Mia abre la puerta de la cocina. La imagen que no va a olvidar hasta el final de su vida. Mamá Sinđа vestida de negro. Envuelta en pañuelo negro. Su padre Velimir envejecido en 10 años. Reducido, con nuevas arrugas en su cara. Ambos sentados en el sillón. Como dos estatuas de piedra con miradas vacias.

¿Quien es ese niño en la puerta?

Fusilaron a todos los alumnos. ¿Será que es un sueño?

– Papá, mamá… soy yo…

Mia tartamudeo. Vio su foto en la pared. El marco tenia una franja negra.

kragujevac
Monumento a las victimas de la masacre en Kragujevac

– Ni les cuento como todo pasó – Le decia Mia a sus padres mientras los abrazaba – Que mis hermanos nunca vivan lo que yo viví.

Se escondieron en el entre techo de la casa y se cubrieron con las papas. Durante todo ese dia los alemanes seguían llevando a los civiles.

Una vez al dia la madre de Mia subía y le llevaba la comida. Las manos le temblaban, no podía sujetar la cuchara. Luego le contó que paso con los demás estudiantes del bachiller. Le nombro a sus amigos que ya no estaban con vida.

Mia lloraba.

– ¿Y él? ¿Y el?… Mаmá, yo no tengo la culpa de haber quedado con vida.

El trauma durara toda la vida.

(RTV revija, mayo 1970; Escribio: Žika Živulović-Serafim)

Comentarios

SIN COMENTARIOS