Montaña Tara

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Refiriéndose a la montaña Tara el director de la Federación Europea de Parques Nacionales y Naturales, Atkin Clark, dijo que así imaginaba el paraíso. Según una vieja leyenda eslava esta montaña lleva el nombre del Dios Tar el que eligió esta bella naturaleza para su morada.

Este macizo montañoso situado al oeste de Serbia a lo largo de la frontera con Bosnia-Herzegovina, cubierto de densos bosques de coníferas y de árboles caducos, veteado de pastizales y praderas, se extiende sobre una superficie de 20.000 hectáreas. Este oasis de naturaleza intacta es el Parque Nacional de Tara, en el cual un puesto especial ocupa la especie de conífera endémica el “cedro serbio” al que su descubridor el botánico, Josif Pancic, dio el nombre de Picea omorika. Se trata de un relicto terciario de la región de Iliria oriental el que actualmente habita solo en un área limitada de Serbia occidental. Este fósil viviente, como también suele llamarse el “cedro serbio”,el cual puede alcanzar una altura hasta 40 metros, es la más conocida y bella especie endémica entre otras 20 que prosperan en Tara.

De hecho, las tres cuartas partes de este parque nacional están cubiertas de bosques y por su extensión y estado de conservación representa uno de los terrenos forestales más ricos del viejo continente en el que predomina el abeto rojo, pero también albergan el fresno negro, el carpe negro y el roble balcánico. Si el símbolo de la flora de Tara es el abeto, entonces el símbolo de la fauna de Tara es el Saltamontes de Pancic, especie endémica local. En las laderas de las montañas han encontrado su hábitat permanente o temporal unas 130 especies de aves. El pico más alto, Koziji rid, que tiene 1.591 metros lo sobrevuelan el buitre leonado y el halcón peregrino. Pero, el oso pardo es la especie emblemática de Tara y los cazadores afirman que hay osos de hasta dos metros de largo y más de 300 kilogramos de peso.

Hace 25 años Tara ha sido declarada parque nacional, no solo por el reino vegetal y animal único que alberga estos espacios, sino también porque guarda en sí huellas materiales de épocas remotas, de la prehistoria, época romana, y la bizantina. El monasterio de Rača y las necrópolis con sus lápidas sepulcrales forman parte del patrimonio medieval serbio. En las montañas hay muchas cabañas dináricas dispersas hechas de madera de conífera, testigos duraderos de la arquitectura popular.

Desde el momento en que está bajo la protección del Estado, Tara se ha protegido de la comercialización y representa un verdadero paraíso para el descanso de los turistas de todas las generaciones. De hecho, los más jóvenes tienen a su disposición desde hace décadas una casa de descanso, recreo y juego en Mitrovac. En este bellísimo entorno en el oeste de Serbia, desde hace varios años, muchos niños de los enclaves serbios de Kosovo-Metohia descansan, juegan y estudian allí. En la “Escuela de la amistad”, que se inauguró a iniciativa de la organización no gubernamental “Nuestra Serbia”, a los niños hablan sobre diferentes temas que atañen a la vida, distinguidas personalidades de todas las profesiones, así como invitados de la diáspora.

(Voice of serbia)

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