Montenegro para principiantes

Sveti Stefan

Su mismo nombre suena a misterio. Al fin y al cabo, ¿qué hay en Montenegro? Sinceramente, de todo. Ciudades medievales de cuento, montañas de postal, monasterios milenarios y playas paradisíacas, en uno de los últimos secretos del Mediterráneo. Déjate sorprender, paso a paso.

Disfruta playas como la de Velika Plaza en Ulcinj

Ah, las playas. Con una espectacularidad que rivaliza las de la vecina Croacia (pero con, normalmente, la mitad de gente), las playas de Montenegro son tema de leyendas viajeras, un secreto a voces celebrado por mochileros, familias y aventureros por igual. Como la infinita Velika Plaza en Ulcinj, con sus 13 kilómetros de largo.

Disfruta de playas como las de la península de Sveti Stefan

Sin olvidarnos de la exclusiva Milocer, en la lujosa península de Sveti Stefan, ni del ambiente nocturno playero de las muy animadas Budva y Petrovac: en Montenegro hay playas para todos los gustos. Lo que no cambia: el azul turquesa del Adriático, presente en cada giro de acantilado.

… y lo que no son playas

País adentro, el paisaje cambia radicalmente. El terreno se eleva, se hace más verde y hay que cambiar el bañador por las botas de montaña. Como el resto del país, las atracciones del interior de Montenegro no hacen mucho ruido, pero una vez las descubras sentirás la necesidad de pregonar la belleza del país a voz en grito. Parques nacionales, como los de Durmitor o Prokletije, animan a gritos a hacer senderismo, tanto a pie como a caballo.

Como el bosque de Biogradska Gora

El bosque infinito de Biogradska Gora, uno de los pocos bosques vírgenes que quedan en Europa, invita a desparecer por completo durante un día (o dos). Escondido del mundo en un acantilado en el valle de Zeta, el monasterio de Ostrog es uno de los centros ortodoxos del país, y una de las visiones más inolvidables de Montenegro.

¿Un fiordo?

Si creías que los paisajes dramáticos en los que la montaña cae al mar estaban reservados para Noruega, piénsalo de nuevo. Montenegro es el hogar del fiordo más grande del sur de Europa, y visitarlo será una de las experiencias más memorables de tu viaje – empezando por la ciudad que lo aloja: Kotor.

Kotor, la ciudad de la bahía

Kotor desafía cualquier intento de descripción. Esta hermosa ciudad medieval, amurallada en el siglo XV para defenderse del ataque del imperio otomano, enamora desde el primer momento. Ya sea la zona del casco viejo, con sus laberínticas calles repletas de secretos, o el mirador del Fuerte de Kotory su vista privilegiada sobre la Bahía de Kotor, o nadar en el Adriático entre los montes que amurallan el fiordo, es imposible no caer bajo el hechizo de Kotor.

Piérdete en su capital, Podgorica

Pregúntale a cualquier viajero que haya ido a Montenegro que qué le pareció Podgorica, y probablemente te responda con cara de confusión. La capital montenegrina no recibe mucho cariño, y no sin razón, la verdad (con todo lo que ofrece la costa y la montaña, ¿para qué detenerse aquí?). Perodedícale un par de días, y puede que hasta te sorprenda. Aunque muchos la ven como un conjunto sin fin de consternados bloques de edificios comunistas, no solo de gris vive Podgorica.

El Parque del Rey, el pulmón de la capital, da un buen respiro al ajetreo de la ciudad, y la Plaza de la República es el centro de reunión no oficial, donde vecinos y turistas se encuentran cada noche. La capital es también uno de los mejores lugares para ver de cerca el mosaico de influencias que es la historia de Montenegro. Un paseo por su zona vieja te llevará de lleno a la época otomana, mientras que al otro lado del río te espera la Catedral de la Resurrección de Cristo, la iglesia ortodoxa más grande del país.

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Descubre su historia

Al igual que varios de sus vecinos balcánicos, Montenegro vive con un pie en el este y otro en el oeste. Su riqueza histórica es visible en las ruinas romanas, los monasterios ortodoxos, las catedrales católicas y los minaretes de las mezquitas – a menudo en la misma ciudad. Menos vistoso, pero igual de importante, es el legado yugoslavo, que marcó el día a día montenegrino durante cincuenta años.

Las secuelas son mucho menos visibles que en algunos de sus vecinos, ya que mantuvo siempre suestatus de república dentro de Yugoslavia, pero la lealtad a la federación se extendió hasta 2006, cuando deshizo su unión con Serbia y se irguió como país plenamente independiente. Si tienes un mínimo interés en la historia de Europa, Montenegro te ofrece una ventana fascinante, y ciertamente diferente a cualquier otra de la región.

Vete de cata de vinos

¿Viñedos en Montenegro? Como lo has leído. Aunque no sea lo primero que se viene a la mente al pensar en los Balcanes, créenos: el vino es una parte fundamental de la vida montenegrina, y uno de sus grandes atractivos. Al igual que el resto de la región, el encanto del vino montenegrino es lo único que es: sus uvas no se encuentran en ningún otro lugar, y su calidad sorprenderá hasta a los enólogos más exigentes.

Crmnica, viñedos a la montenegrina

La joya de la corona es, sin lugar a dudas, el Vranac. Este vino tinto, cuyo nombre significa “semental negro” en serbocroata, es uno de los más exportados de la región. Varias bodegas lo fabrican, y muchas te acogerán para una cata y un tour por el viñedo. Šipčanik, la bodega estatal, al sur de Podgorica, es un magnífico punto de inicio, antes de viajar más al sur, hacia la zona vinícola de Crmnica, donde varias bodegas familiares completarán tu iniciación enóloga montenegrina.

Aprovecha lo accesible que es

A pesar de su relativa anonimidad (por ahora), Montenegro es un destino súper conveniente para los viajeros europeos. El aeropuerto de Podgorica no se va a llevar el premio al más visitado de la región, pero Ryanair vuela a la capital montenegrina desde Londres, Berlín, Bruselas y Estocolmo en menos de tres horas. Otras aerolíneas con vuelos directos a Montenegro son Alitalia, KLM, Lufthansa y Montenegro Airlines.

Si has planeado un viaje por los Balcanes, incluir Montenegro en el itinerario no será nada difícil. Desde Dubrovnik se puede llegar fácilmente en autobús en menos de cuatro horas (dependiendo del estado de la frontera); desde otras capitales como Sarajevo o Tirana también hay servicios directos tanto diurnos como nocturnos. Otro dato fundamental de Montenegro es que, a pesar de no estar en la Unión Europea, usa el euro. Nada de cálculos mentales ni de monedas que luego no puedes cambiar: más fácil imposible.

Fuente: traveler.es

Por: Patricia Rey Mallén @PReyMallen

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