Robert Prosinecki, un embajador que unificó a una región con un balón

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Gracias a su talento, Robert Prosinecki, DT de Bosnia-Herzegovina- llegó a jugar y dirigir en cuatro países que conformaban Yugoslavia, pese a las diferencias ideológicas.

El primer entrenador de Robert Prosinecki le dijo que nunca haría algo importante en su carrera. Miroslav Blazevic –jefe del banquillo del Dinamo Zagreb entre 1985 y 1988– agregó que si lo hacía se comería su carnet de técnico. Blazevic se comió sus palabras. Y quién sabe si el carnet…

Prosinecki ganó la Copa de Europa –actualmente Champions League– con el Estrella Roja de Belgrado en 1991, el único título continental del equipo. Destacó en clubes; también en la selección. Formó parte del 11 yugoslavo que avanzó hasta los cuartos de final del Mundial de Italia 90 y ocho años después integró el combinado croata que terminó en tercer lugar en Francia 98, el mejor desempeño de su historia. En ambos torneos anotó.

El astro debutó en 1986 en el Zagreb. Al año siguiente fue transferido al Estrella Roja de Belgrado. Los ultras del Dinamo le gritaban “traidor” y Cetnik, que en croata significa ultranacionalista serbio, según contó en una entrevista para el diario El País en 1991, cuando comenzó la Guerra de los Balcanes.

Duro Prosinecki –su padre– nació en Serbia; Emilija Dokovic –su madre–, en Croacia. Él vio la luz por primera vez en Schwenningen, al sur de Alemania, en donde sus padres trabajaban en una maquiladora. Cuando tenía 10 años, su familia regresó a Zagreb. En enero de 1991 fichó por el Real Madrid. Pero su éxito deportivo contrastó con la situación del país. Cuando comenzó la carnicería, él tenía 22 años.

Dejan Savicevic y Robert Prosinecki

Su transferencia estuvo cerca de truncarse porque las leyes yugoslavas del deporte impedían que un atleta menor de 25 años lo contrataran en el extranjero. Sin embargo, la FIFA le concedió en agosto un permiso especial para que jugara con el cuadro español porque consideró que la Federación yugoslava no estaba en condiciones de ejercer sus estatutos. En noviembre de ese mismo año, la UEFA le dio el permiso permanente para jugar en el extranjero.

“El futbol es el único rayo de luz que tenemos en esta situación política”, dijo en una conferencia de prensa.

Prosinecki sufrió los estragos de la guerra aunque no vivía en el país. No pudo asistir a la Eurocopa de 1992 en Suecia, porque la FIFA suspendió a Yugoslavia en apoyo a las sanciones de la ONU. Era su mejor momento. Un año antes se consagró como el mejor jugador de la Copa de Europa y vivía su primera temporada con el Madrid.

Robert gana la Copa de Campeones 1991

Nunca triunfó con el cuadro merengue por una interminable seguidilla de lesiones musculares. Después jugó en el Oviedo, Sevilla y Barcelona, al que entrenaba Johan Cruyff. El holandés –confesó– fue su mayor influencia. Dijo que fue el técnico que más le marcó porque “implantó la idea del toque de balón a ras de pasto y el dominio de la pelota como recurso ofensivo”.

Se retiró en el Zagreb en el verano de 2004 e inició su carrera como entrenador del Estrella Roja en 2010. En su presentación dijo que el solo hecho de ser croata le hubiera garantizado un recibimiento hostil de los ultras. Pero su pasado glorioso pesó más. Los hinchas festejaron su llegada al banquillo. Ahí ganó la Copa de Serbia, el único título que tiene en su palmarés.

Prosinecki tomó el timón de la Selección de Azerbaiyán –después de un breve paso por el Kayserispor turco– en 2014. Sólo ganó cinco de 21 partidos y fue despedido a finales de 2017. Apenas el 4 de enero pasado asumió la dirección técnica de la Selección de Bosnia-Herzegovina –con la que enfrentará hoy a la Selección mexicana–, la cuarta nación en la que juega o dirige de la antigua Yugoslavia.

El ahora entrenador aceptó que siempre ha detestado la política. Sin embargo, se ha convertido en un embajador que unificó a la región mediante un balón, algo que no pudo hacer la religión o la política.

Fuente: El Financiero

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