Serbia busca convertirse en la Dubai de los Balcanes

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Bojan Bjelobaba, propietario de un lavadero de autos y un taller mecánico en Belgrado, dice que ha sido amenazado por negarse a desocupar su negocio de 38 años para poder demolerlo y dar paso a un parque.

Es parte de un desarrollo habitacional y comercial, con una inversión de 3 mil millones de euros (unos 3.600 millones de dólares), que está tomando forma en la capital de Serbia en los márgenes del río Sava.

Un proyecto extravagante conocido como el Belgrade Waterfront es parte de un plan del gobierno de Serbia para transformar esta envejecida metrópoli europea de 2 millones de personas en el Dubai de los Balcanes.

A una pareja casada, Ivan y Vida Timotijevic, que vive en medio del desarrollo, le cortaron la electricidad y el agua. Si el gobierno se sale con la suya, un bulevar atravesará el sitio donde está su casa.

Están entre las últimas personas que se resisten al desarrollo.

El proyecto de rascacielos lujosos e inmensos centros comerciales se convirtió en un símbolo del plan del presidente Aleksandar Vucic de dar a la ciudad “una nueva identidad”, alejada del pasado miliciano y el aislamiento del país.

Vucic pretende lograr su meta con dinero prestado e ingresos de la venta de tierras estatales a inversores de Rusia, China y los Estados del Golfo Pérsico.

Los detractores afirman que el gobierno serbio no está dejando que nada se interponga. “Están resueltos a llevarnos al futuro, arrollando todo en el camino para alcanzar el tipo de futuro que tienen en mente para nosotros”, dijo Dobrica Veselinovic, líder del movimiento de la oposición, conocido como No Ahoguemos Belgrado, que ha organizado protestas callejeras contra el proyecto.

“Queremos devolver a Belgrado su gloria anterior y hacer que sea una ciudad grandiosa y respetable de nuevo tras años de vergüenza que acompañaron a guerras y zozobra”, señaló Sinisa Mali, el Alcalde de Belgrado.

Antes de que empezara la construcción hace dos años, 231 familias fueron desalojadas de propiedades estatales para el proyecto, pero algunas se negaron a irse.

Una noche, unos 30 hombres enmascarados con bates de béisbol y equipo pesado aparecieron en el sitio.

Para el amanecer, varios edificios residenciales y comerciales habían sido demolidos para permitir que se iniciara la construcción.

La incursión, en 2016, sacudió a los serbios, que llevaron su furia a las calles, denunciando lo que afirmaron eran las prácticas corruptas de la elite.

Las protestas se transformaron en las manifestaciones antigobierno más grandes desde que una revuelta popular derrocó al hombre fuerte serbio Slobodan Milosevic en 2000.

El proyecto Belgrade Waterfront es financiado por una firma de inversiones con sede en Abu Dhabi, Eagle Hills Properties, lo cual suscita preocupaciones sobre todo ante su falta de transparencia y una influencia extranjera excesiva.

La inversión de miles de millones de dólares es tan sólo parte de un flujo masivo de dinero de los Emiratos Árabes Unidos que ingresó a Serbia.

Bojan Kovacevic, presidente de la Academia de Arquitectos de Serbia, calificó el Belgrade Waterfront como un “crimen contra la planificación urbana”.

Los primeros propietarios de los edificios residenciales que pronto quedarán terminados pagarán hasta 7 mil euros por metro cuadrado, en un país con un sueldo mensual promedio de 375 euros.

En total, 5.700 viviendas y ocho hoteles serán construidos en el desarrollo entre el río y las vías del ferrocarril.

Se colocaron mosaicos de cemento a lo largo del río para formar un paseo salpicado de resbaladeros para niños, un muelle para barcos, un restaurante, un carril para bicicletas y una valla de posters gigantescos que muestran los edificios que serán construidos en el curso de los próximos 30 años.

©2018 The New York Times

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