Serbia enamora en su camino a la gloria

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Tanto en la época en la que formaba parte de Yugoslavia como en su condición actual de nación independiente, Serbia ha tenido siempre fama de ser la cuna de jugadores de gran fortaleza física y notables aptitudes técnicas, capaces de ganar el respeto de todos y la admiración de muchos… pero la adoración de muy pocos. ¿Es Serbia una selección que va a los Mundiales a disfrutar y a relajarse? ¿Es la favorita de los seguidores neutrales? No es ese el estereotipo que le viene a uno a la cabeza al hablar del país balcánico.

serbia

Y sin embargo esa es precisamente la imagen que se está ganando a pulso la selección sub-20 dirigida por Veljko Paunovic en Nueva Zelanda, y más concretamente en Dunedin, su anterior base de operaciones. El fútbol desplegado puede haberles granjeado admiradores, pero los europeos enamoran también gracias a una entusiasta —y particularmente exitosa— campaña de relaciones públicas.

Paunovic había anunciado de antemano su deseo de que así fuera al mencionar que “esperaba establecer un verdadero vínculo con la comunidad” nada más llegar a Oceanía con su expedición. Tras varias apariciones públicas, visitas a escuelas y hospitales y un elegante discurso ante el público congregado en el Otago Stadium, resulta evidente que no hablaba por hablar. La respuesta recibida no deja lugar a dudas. “Los serbios”, afirmó uno de los diarios locales, “se han convertido en el equipo de Dunedin”.

La benevolencia del público continuó cuando el entramado de Paunovic se trasladó a Auckland, donde su victoria sobre Estados Unidos despertó el aplauso no sólo de una ruidosa banda de expatriados, sino también de multitud de Kiwis convertidos a su fe. Y si los neozelandeses se han dejado cautivar por Serbia, según le explicó el defensa Milos Veljkovic a FIFA.com, es porque en la selección han visto una motivación genuina y un afecto recíproco.

Muestras de afecto en todas partes
“La gente nos demuestra mucho cariño, y está claro que somos bastante populares por aquí”, declaró. “No tiene ningún secreto: simplemente nos esforzamos por salir a conocer a la gente. Así quiere el seleccionador que actuemos, y nosotros lo disfrutamos. No queremos ser un equipo que lo único que hace es quedarse en el hotel y salir a entrenar”.

“Hemos ido a las escuelas, hemos jugado con los chavales, cosas así, y siempre procuramos ser amables. A la gente le gustó esa actitud nuestra, y con toda sinceridad digo que apreciamos también el cariño que nos ofrecen. Nos está encantando el torneo, y buena parte de ello se debe a la gente del país”.

A medida que aumenta la lista de adversarios a los que dejaron en la cuneta, el número de admiradores que se granjea Serbia con su humildad y sentido del humor tampoco deja de crecer. Este último rasgo quedó de manifiesto cuando Veljkovic ofreció su jocosa versión de la tanda de penales en la que su equipo se impuso a Estados Unidos. A propósito del disparo que falló desde los once metros —infortunio que compartió con el estadounidense Cameron Carter-Vickers, compañero suyo en el Tottenham Hotspur—, el fornido defensa central tenía una explicación bastante curiosa.

“Bueno, los dos jugamos en Inglaterra”, dijo con una sonrisa. “A los ingleses nunca se les han dado bien los penales, así que quizá nos estén contagiando sus malos hábitos”.

“Ahora es fácil sonreír porque acabamos ganando, pero lo sentí muchísimo por Cameron. Después del partido hablamos y le dije que había tenido mala suerte, que lo mismo podría haberme pasado a mí, y que había jugado muy bien. Y es verdad”.

“El alivio fue enorme. Yo no hacía más que pensar: ‘Por favor, que ganemos antes de que me toque’, porque sinceramente, no me veo como cobrador de penales. Luego, cuando me llegó el turno, cometí el error de mirar a los ojos al portero. Esperaba que se moviera y se quedó quieto, por lo que finalmente tiré bastante mal”.

Afortunadamente para Veljkovic, Serbia consiguió mantenerse a flote y accedió a una semifinal en la que deberá enfrentarse a otra de las sorpresas del torneo, Mali. Los pupilos de Paunovic tienen ahora más cerca el poder emular al combinado yugoslavo que se llevó el torneo en 1987 y que puso en el candelero a hombres como Boban, Mijatovic, Suker y Prosinecki.

“Todo el mundo habla todavía del equipo que ganó en Chile, y de lo famosos que se hicieron todos aquellos jugadores”, dice Veljkovic. “Y aunque queremos hacer lo mismo que ellos, no nos sentimos bajo presión. Ya llevamos hecho un muy buen torneo y estamos disfrutando cada instante”.

“Creo sinceramente que esta puede ser otra generación igual de especial. Ya ganamos un título importante con anterioridad (la Eurocopa Sub-19 de la UEFA 2013) y creo que podemos hacerlo de nuevo. A eso vinimos. Tenemos un bloque equilibrado, una gran fortaleza mental y un seleccionador que sabe darnos ese puntito extra de motivación. Soy perfectamente capaz de imaginarnos ganando el torneo”.

Y si lo consiguen, los visitantes de las antípodas se verán aclamados como héroes locales.

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